El conflicto de los deberes pone el foco en un modelo educativo cuestionado

Solo Confapa apoya la insumisión, aunque el fondo es compartido por todos


redacción / la voz

Esta semana, mañana mismo, comienza la huelga de deberes de fin de semana promovida por los padres de la escuela pública a nivel nacional (Ceapa), que en Galicia está representada por la Confapa. La entidad recalca que este gesto, el de la huelga, no busca la insumisión, sino ser una llamada de atención sobre la falta de tiempo libre de los niños, que muchas veces superan las 40 horas de trabajo semanal, entre el colegio y su casa. Es el modelo educativo lo que está en cuestión, y los deberes son solo su síntoma.

La sobrecarga de tareas de los menores se debe a varios factores, explica Confapa: un currículo, especialmente con la Lomce, ajeno a los tiempos infantiles, además de muy academicista; la proliferación de exámenes, que convierten a los profesores en meros preparadores para superar las pruebas; y la diversidad en las aulas sin recursos humanos suficientes, que impide al maestro atender de forma personalizada a sus pupilos. Hay más motivos para oponerse a los deberes, dicen los padres: anulan el juego, que es parte indispensable del crecimiento; atentan contra la salud de los niños; y reducen la equidad porque se trata a todos los alumnos por igual.

¿Está de acuerdo la comunidad educativa con el diagnóstico? En Galicia sí, al margen de que ninguno de los colectivos contactados por La Voz apoye la iniciativa huelguista de Confapa.

Las otras ANPA, por ejemplo. María José Mansilla, de Concapa (colegios concertados), está «totalmente de acuerdo en que hay que respetar el ocio de los niños», y cree que «los deberes deben ser moderados, puntuales y acordes con la edad y características del alumno», pero no apoya la huelga porque entiende que «no es la solución y no es lo que se debe enseñar a los hijos»; frente a la insumisión, Concapa apuesta por que las ANPA definan bien el papel de los deberes en el consello escolar, cuando se diseña el proyecto de centro. Anpas Galegas comparte opinión, explica su presidente, Javier Sánchez: «Os deberes teñen moitas cousas negativas, e nós apostamos por outro tipo de tarefas para reforzar o aprendido. Ademais cremos que fomentan a desigualdade entre as familias que poden axudar e as que non. Pero a folga non a apoiamos».

Tampoco los profesores están a favor de este tipo de medidas de impacto. Francisco Leis, director del CEIP de Noia y presidente de la Federación Galega de Asociacións de Directivos de Colexios de Ensino Público, entiende que «la huelga desautoriza al profesorado», máxime cuando la sobrecarga de tareas en el hogar es algo puntual, dice, y que en general «no deberían llevar más de 45 minutos diarios», incluidos los fines de semana. Por eso la protesta le parece «fuera de lugar» y ajena a mecanismos útiles, como el consello escolar. Sí acepta que el currículo es tan amplio que resulta imposible darlo en clase, pero apunta: «Los deberes le dan mucho trabajo al profesor, que tiene que corregirlos. No los pone por gusto».

Hoy, imprescindibles

Los sindicatos piensan algo parecido. ANPE, por ejemplo, se ha mostrado contra la huelga por lo que tiene de desautorización del maestro y Gerardo Morano, de UXT, dice que el debate «no es deberes sí o no», ya que con el currículo actual y la falta de medios en clase «son imprescindibles». Luz López, de Comisións, quiere evitar la fractura padres-profesores y hace una aclaración: «Adaptarse aos tempos dos rapaces non é disparatado», por eso, aunque el sindicato no apoya la huelga sí comparte el fondo. «Hai que cambiar de modelo e chegar a un pacto educativo», y es que «todo ten relación».

«Non ten sentido sobrecargar aos nenos con tarefas repetitivas», dice el conselleiro

El conselleiro de Educación en funciones, Román Rodríguez, explicaba ayer que «un acordo parlamentario resolveu en Galicia a regulación dos deberes» al permitir que cada colegio diseñe su propuesta. Pero el que un centro pueda poner tareas para casa no significa que deba ser arbitrario: «Hai que ter sentidiño, racionalidade. Non ten sentido sobrecargar aos alumnos con tarefas repetitivas». Rodríguez está en contra de deberes iguales para todos y que ocupen horas, pero cree que dedicarles un tiempo a las tareas ya en casa «axuda a coller hábito de estudo, a organizarse, e fomenta a responsabilidade», además de que «serve de reforzo».

«Non é prudente»

Otra cosa es la huelga de deberes del fin de semana. Román Rodríguez se muestra tajante: «Non é prudente fomentar nos nenos a negativa de facer as tarefas que lles marcan os profesores». Para el conselleiro es un mensaje pernicioso para los menores. Frente a estos gestos, propone que los padres participen más activamente en el diseño del proyecto de centro que se debate en el seno del consello escolar.

Una polémica en un colegio de Oleiros sirvió en el 2013 para cambiar la norma

Los deberes escolares aparecen en los titulares con cierta frecuencia y en ocasiones acaban incluso en los Parlamentos. Sucedió en el 2013, cuando a raíz de lo ocurrido en un centro de primaria gallego -el CEIP Isidro Parga Pondal, de Oleiros- la consellería decidió cambiar la normativa. En noviembre de ese año, el pleno del Parlamento de Galicia aprobó una proposición no de ley del PP -con la abstención de la oposición- según la cual cada centro escolar tiene autonomía para planificar las tareas extraescolares y cualquier profesor puede determinarlas, siempre que las consensúe con la dirección del centro y sin que caiga en el exceso.

Se respondía así a la polémica del Parga Pondal oleirense. Allí, un padre hizo cumplir en el 2011 una norma en vigor desde 1997 según la cual el colegio no podía poner deberes a los niños. Muchos otros padres apostaban por el refuerzo en casa como complemento, pero ningún profesor encargaba tareas, ya que sabían que podían acabar en la Inspección.

Para resolver el conflicto de los deberes, la consellería decidió cambiar la norma. Y lo hizo con una proposición no de ley para contar con el apoyo del Parlamento, aunque esa medida liberalizadora de los deberes no tuvo más apoyo que el del PP.

Al curso siguiente, ya con todas las bendiciones, en el centro comenzaron los deberes. Pero no de manera uniforme en todas las clases, ya que dependía de cada profesor al final la decisión de mandar a los niños con tareas complementarias, solo con las pendientes que no había terminado en el aula o sin nada que hacer.

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