Pilar Cancela, de trabajar en el penúltimo Gobierno de Fraga al no militante a facilitar la abstención en el Congreso

Así es la actual número uno del partido socialista en Galicia


La rampa de entrada en la vida pública y los aledaños de la política le llegó a Pilar Cancela de la mano del PP, el partido para el que ahora reclama que no se le vuelva a abrir la puerta de la Moncloa con la abstención de los diputados socialistas. Hija de emigrantes, nacida en Stuttgart en 1967 y criada entre Alemania y Venezuela, Cancela se hizo funcionaria de carrera en el Cuerpo Superior de la Administración gallega, puesto en el que se especializó en relaciones laborales, un conocimiento que la llevaría a la secretaría general del Consello Galego de Relacións Laborais a propuesta de los agentes sociales. Allí es donde la penúltima conselleira de Asuntos Sociais, Emprego e Relacións Laborais del Gobierno de Manuel Fraga, la después fallecida María José Cimadevila, la nombra en el 2002 directora xeral de Relacións Laborais. Ese paso por la Administración popular ha sido incluso esta misma semana sacado a relucir por la que se ha convertido en una de sus más feroces críticas, la presidenta de la Diputación de Pontevedra, Carmela Silva, para ironizar en las redes sociales sobre su posible papel de «infiltrada» del PP, tras responsabilizarla de los malos resultados del PSdeG en las elecciones autonómicas.

El anterior presidente de una gestora en la estructura orgánica de los socialistas gallegos, el lucense Ricardo Varela, volvió a echar mano de Cancela para encargarle en su consellería el mismo cometido que había desempeñado en la recta final de Manuel Fraga en la Xunta. La vinculación de la actual presidenta de la gestora socialista con UGT acercó a ambos, como la carrera de Derecho la puso en contacto en su etapa universitaria con José Ramón Gómez Besteiro. Los dos comenzaron al mismo tiempo los estudios y desde entonces han mantenido una familiaridad que la puso de primera en la lista que Besteiro hizo a la hora de pensar en los perfiles con los que contaba para nombrar a su responsable de organización en el PSdeG. Más de trabajo de oficina que de recorrer agrupaciones, Cancela no cultivó el hacerse con una parcela territorial, lo que incluso hizo que a la hora de la designación de los candidatos a ocupar la lista a las elecciones generales de diciembre pasado en asambleas como la de A Coruña saliese mal parada en el cómputo de votos, pero no tanto como para impedirle a la número dos del partido contar con un escaño en el Congreso. Sus críticos lo interpretaron como un blindaje personal en el comienzo del declive de Gómez Besteiro, al que acabó por sustituir en la dirección del PSdeG cuando la jueza Pilar De Lara se cruzó en el camino del político lucense.

Pese al chaparrón que le está cayendo, tras ser la única gallega que apoyó a Sánchez en el último comité federal, está convencida de que cuenta con la legitimidad y apoyo suficiente para conducir al partido hasta un congreso, que ahora se aleja en un horizonte en el que sus adversarios internos la esperan para obligarla a ceder y que las riendas cambien de bando. Ella, hasta el martes, insistía: «Non me pasa pola cabeza dimitir», como tampoco optar a la secretaría xeral cuando toque. «Xa teño bastante», añadía. Está por ver qué dice ahora.

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