«Los niños la mayor parte de las veces no son conscientes de la magnitud del daño que hacen»

El orientador Andrés González Bellido es el creador del programa Tutoría entre iguales, concebido para frenar el acoso escolar


Ourense / La Voz

Ha dedicado las dos últimas semanas a recorrer Galicia impartiendo formación del programa Tutoría entre Iguales (TEI) para frenar el acoso escolar. Su propuesta, aplicada en más de 600 centros educativos españoles, europeos y latinoamericanos, se ha convertido en un referente premiado y reconocido. Andrés González Bellido (Salamanca, 1953) fue orientador del instituto barcelonés Front Marítim. Ahora se dedica a coordinar la investigación universitaria sobre su programa y a impartir cursos y conferencias.

-¿Qué caracteriza este programa?

-El programa TEI trabaja sobre los síntomas. Se trata de trabajar sobre los niveles de prevención y sobre los niveles más bajos de violencia. Cuando se da una situación de acoso es que normalmente ha habido una situación dañina sobre una persona durante tiempo. Hay alumnos que llevan 3 y hasta 5 años sufriéndolo. El primer criterio es trabajar todos juntos, ha de ser una intervención de toda la comunidad educativa, pero los protagonistas han de ser los alumnos porque son los que se enteran de las situaciones que se producen. El acoso está hecho a espaldas del profesor, pero el acosador necesita público.

-¿Es útil la mediación?

-Nosotros no trabajamos el concepto de mediadores, aunque usamos la mediación, porque cuando se produce mediación es porque hay un conflicto y nuestro objetivo es la prevención para que no exista el conflicto. En el caso concreto del acoso el mejor sistema no es la mediación. El camino más acertado en el acoso es la reflexión de por qué hemos fallado. Cuando se da es porque hemos fracasado como institución educativa, como padres, como alumnos y como profesores. El acoso es una suma de circunstancias y, sobre todo, se repite en el tiempo, por lo tanto ha habido síntomas.

-Habla de niveles bajos de violencia. ¿Dónde está la frontera?

-La diferencia la marca la repetición de una situación, por ejemplo llamar cuatro ojos a alguien de forma sistemática con intención de hacer daño. Llamar cuatro ojos de forma puntual no es una situación de acoso. El salto no solo lo marca la gravedad, sino la intensidad y, sobre todo, que la acción sea sistemática, repetida en el tiempo y sobre una misma persona que no tenga capacidad para dar respuesta. Se puede dar a todos los niveles: desde la exclusión a la agresión verbal o física directa o indirecta.

-¿Qué o quién falla?

-Un poco todos. En el caso de Palma pienso que falla el nivel de prevención a nivel de alumnos. Los alumnos la mayor parte de las veces no son conscientes de la intensidad del daño que hacen, por tanto ha de haber un proceso de sensibilización que trate la empatía. En el caso de Palma son conductas muy claras porque es agresión física, pero puede haberlas de carácter verbal que hacen mucho daño. Luego, hay un fallo desde la perspectiva de centro o del profesorado: es mejor equivocarse dos veces y que nos tomen el pelo que solo una vez y que sea cierto. Nos lo hemos de tomar muy en serio siempre. Si hablamos de acoso, no podemos decir aquello de que son cosas de niños.

-¿Son los niños simples reproductores de la vivencia social?

-Los niños reproducen, sí, pero yo no culparía a la sociedad. Los roles sociales y familiares son favorecedores de determinados factores violentos, pero no determinantes. Ha de haber un proceso de educación y sensibilización de que la violencia casi siempre es gratuita y hace más daño del que pensamos. Y no solo la física, aunque casi siempre acaba en física.

-¿Existe hoy más acoso?

-Si vamos a las estadísticas, aparentemente hay una subida, pero no es real; lo que se produce es un proceso de visibilización. Las cifras hablan de una subida del 5-6 % en los últimos 10 años, pero yo creo que han bajado.

-¿Son cuantificables los resultados del programa TEI?

-A finales de octubre saldrá el primer estudio de evaluación científica. Hay tres grupos de investigación, en las universidades de Barcelona, Santiago y Alicante. En cuanto a situaciones, de los centros que aplican el programa -50 en Galicia- no tenemos actualmente ni un solo caso de acoso escolar con expediente e intervención. La ventaja es que se interviene cuando se producen los primeros síntomas.

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