El autobús que viene se parecerá al taxi

Pablo González
Pablo González REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

MARTINA MISER

La Xunta inicia el plan para implantar el transporte bajo demanda, siguiendo el exitoso ejemplo de Castilla y León

08 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Galicia es el país de los autobuses. Hay 143 servicios de transporte regular que atienden 7.500 paradas y hacen 50 millones de kilómetros anuales. Si a eso se le suma el transporte escolar las cifras son aún más impactantes, pues esta red tiene unas 23.500 paradas y 3.900 rutas diarias. En cambio, curiosa paradoja, tres cuartas partes de los más de 30.000 núcleos de población de Galicia carecen de parada regular, a pesar de que muchos más tienen una para los escolares.

Esta es la compleja realidad del transporte público interurbano en Galicia, en la que la Xunta ve necesario acometer una profunda transformación que tenga en cuenta dos variables inherentes a la sociedad gallega: la dispersión y el envejecimiento poblacional. Para ello han seguido las exitosas experiencias de autobuses bajo demanda desarrolladas en Castilla y León o la sierra madrileña, consistentes en no concebir el transporte público como una ruta invariable, sino adaptable a la demanda. Es decir, transformar el autobús para que se parezca algo más al taxi, pero sin invadir su mercado. De hecho, la Xunta también se plantea recurrir a taxis con tarifa plana para poder llegar a zonas con muy poca población y baja demanda para el autobús donde, por lógica, este servicio no sería rentable. Se trata, también, de evitar que vehículos con 50 plazas circulen vacíos por la corredoiras del país.

Con el modelo bajo demanda, instaurado en la comunidad castellanoleonesa desde el 2004, han salido ganando empresas y clientes, pues se han reducido tanto los tiempos de viaje como los gastos de explotación, incluido el combustible. El territorio vecino comparte con Galicia el peso del envejecimiento poblacional, aunque no tanto la dispersión de viviendas unifamiliares, sino de núcleos. Su principal problema es la enorme extensión de su territorio y la baja densidad poblacional (27 habitantes por kilómetro cuadrado, frente a los 92 de Galicia). El objetivo cuando se planteó este sistema era llegar a los pequeños núcleos que no estaban en las grandes rutas para garantizar los servicios de educación o sanidad a sus habitantes, o simplemente para que puedan llevar sus productos al mercado. Si esa demanda no existe, el transporte tampoco.