La espía gallega camuflaba tinta invisible en botes de pastillas

Araceli y su marido, Garbo, escondían sus mensajes cifrados entre las líneas de cartas triviales


Redacción / La Voz

Cuando en los primeros años 40 la lucense Araceli González y su marido Juan Pujol, conocido como Garbo, buscaban ser admitidos como espías en los servicios secretos británicos, acudían a las entrevistas provistos de un bote de tinta, varias cartas y amoníaco para revelar la escritura invisible. Eran los tres instrumentos básicos para demostrar a los agentes su dominio de las técnicas de espionaje.

Araceli y su esposo -el agente doble a quien se atribuye el mérito de haber convencido a los nazis de que el desembarco de las tropas aliadas tendría lugar en Calais y no en Normandía, una maniobra que resultó decisiva para la derrota del ejército alemán y el final de la Segunda Guerra Mundial- habían sido instruidos por la inteligencia de Hitler en las habilidades que todo espía debe conocer.

En aquel mundo convulso, y en el doble juego al que el matrimonio apostaba, al servicio de los británicos y engañando a los alemanes, el secreto de las comunicaciones resultaba esencial. El manejo de la tinta invisible se volvió para ellos tan cotidiano y tan imprescindible como el agua.

A veces esa tinta especial llegaba a través de los servicios secretos alemanes. Su enlace en ellos, a quien llamaban Federico, se la hacía llegar a través de un correo aéreo. Para no despertar sospechas, la tinta invisible se enviaba en dosis sólidas con forma de cápsulas que camuflaban como pastillas de panflavina, indicadas para el dolor de garganta. Una vez recibidas, para poder utilizarlas debían disolverse esas pastillas en una cuchara con alcohol de cuarenta y cinco grados o, en caso necesario, en una bebida alcohólica.

Con ese preparado, Araceli y Garbo escribían sus mensajes secretos entre las líneas de los textos de cartas aparentemente triviales. Pero como cualquier precaución era poca, además de la tinta invisible utilizaban también códigos secretos para escribir los mensajes, códigos tanto más complejos cuanto más comprometida era la información que se transmitía.

Los documentos sobre el agente doble Garbo en poder del servicio secreto británico que esta semana fueron desclasificados contienen numerosas referencias al empleo de la tinta invisible. Entre ellas se conservan, y ahora han salido a la luz, cartas recibidas o enviadas por Araceli o Juan en las que estos piden que se les envíen pastillas de panflavina para la delicada garganta de Garbo o en las que confirman que han recibido el envío en su dirección de Lisboa.

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