«Mi madre era más espía que Garbo, que era más reservado»

Afirma que su madre tenía grandes dotes para las relaciones sociales y sabía hablar varios idiomas


lugo / la voz

Juan Kreisler, de 74 años, es el hijo mayor de Juan Pujol y Araceli González; la famosa pareja de espías que inclinaron la balanza de la Segunda Guerra Mundial. Su nombre bautismal era Juan Pujol González, pero tomó el apellido Kreisler del segundo marido de su madre, Edward Kreisler, un americano con el que se casó Araceli años después de que su primer marido, Juan Pujol, Garbo, hubiese desaparecido. Juan está contrariado con la imagen de su madre que se dio ayer. Porque asegura que no era una gallega morriñosa que quisiese abandonar Londres e hiciese peligrar con ello los servicios de espionaje de su marido. No quiere hablar por ahora en profundidad del papel de su madre porque cree que ya se ha extendido una imagen inadecuada tras aparecer los primeros documentos desclasificados. Pero aporta algunos datos contundentes para atajar malas interpretaciones.

-¿Por qué no acepta que su madre estuviese a disgusto en Londres y que digan que era una mujer que quería volver a Galicia?

-Porque mi madre no era así, sino todo lo contrario. Hablaba inglés, francés, español y gallego, entre otros idiomas. Era una persona vital, alegre, que le gustaba la vida social y tenía grandes dotes para las relaciones públicas. Era más espía que Garbo, que era más reservado. Trataba a Churchill y me dijo que había sido muy feliz en aquellos tiempos. En realidad mi padre sí que tenía una personalidad más reservada. Por tanto, no tiene sentido dar esa imagen de mi madre.

-¿Es cierto que Araceli González siguió manteniendo relaciones con el Gobierno británico ya en España tras la desaparición de Garbo?

-Sí, ella siguió manteniendo contacto y era incluso una persona muy apreciada por los británicos estando ya en Madrid y una vez desaparecido mi padre.

-Y dice usted que era además emprendedora y activa.

-Por supuesto. Solo hay que recordar cuando decide dejar Venezuela e instalarse en Lugo ella sola con nosotros, que éramos unos niños de menos de cinco años, y salió adelante. Y recuerdo que mi madre seguía siendo feliz y vital. Todos tenemos buenos recuerdos de aquellos años en un ático de la calle Juan Montes, frente al cine Central Cinema. Y luego se vino con nosotros a Madrid y empezó a trabajar como traductora para diplomáticos y personajes importantes, haciendo también un papel de relaciones públicas y enseñando Madrid. En ese trabajo es precisamente donde conoce a Edward Kreisler, que venía a España a intentar poner en marcha un negocio de artesanía. Ella era su traductora y se enamoraron y acabaron casándose.

-¿Siguió siendo vital y activa tras su matrimonio con Kreisler?

-Sí, tras la tienda Festival nace la Galería Kreisler y ella se convierte también en alma máter del negocio, que fue una verdadera revolución, tanto por ser la primera de España como por la actividad artística y comercial desplegada por mis padres alrededor del negocio, con visitas de pintores y de personalidades muy conocidas. Hoy seguimos practicando aquella filosofía de mi madre y la galería cumple ya 51 años.

-Cuando Juan Pujol reapareció vivo, ¿fue una conmoción para su madre y ustedes?

-Es una situación complicada, pero mi madre volvió a demostrar ser una persona desenvuelta, que ya tenía su vida y no quería preguntas del pasado ni reproches. Ella era muy vital.

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