La Costa da Morte mejora su vertebración

La nueva autovía reduce el trayecto A Coruña-Cee en doce minutos, aumenta la seguridad vial en una zona especialmente complicada y no incrementa significativamente el consumo

El trazado a examen El trazado a examen

redacción / la voz

Son solo 27 kilómetros de autovía y un ahorro de menos de un cuarto de hora en condiciones normales. Pero suponen un alivio importantísimo para los conductores que se desplazan por la AC-552, la carretera que articula las comunicaciones en la Costa da Morte y que desde hace poco más de una semana ha desdoblado uno de sus tramos en autovía.

Para comprobar de primera mano el efecto de la nueva infraestructura afrontamos el viaje A Coruña-Cee por carretera y regresamos por la autovía. El viaje de ida es tan tortuoso como siempre. La carretera hasta Carballo es amplia y dispone de algunas rectas que permiten los adelantamientos... cuando hay poco tráfico. Pero no es el caso. Hemos iniciado el viaje poco antes del mediodía y nos encontramos con algo de tráfico pesado. Nada importante hasta que llegamos a Carballo. Cruzar la villa tiene un coste de doce minutos que echa por tierra cualquier posibilidad de alcanzar una media decente.

El tramo entre Carballo y Baio, el que salva la nueva infraestructura, está también trufado de travesías urbanas y con frecuentes limitaciones de velocidad. Aunque no está exento de tráfico, es más liviano que el anterior y con varias entradas hacia la nueva autovía. De hecho, en algunas rotondas parece mucho más sencillo entrar en la autovía que seguir por la carretera. Atravesar Baio también tiene su miga, aunque después de la experiencia de Carballo, no hay motivo de queja. En este tramo somos objeto de un adelantamiento arriesgado, propio de una carretera con muy altos índices de siniestralidad y una larga leyenda negra.

El último tramo, entre Baio y Cee, tiene las mismas características que el anterior y no se aprecia un aumento del tráfico, teniendo en cuenta que aquí ya no hay alternativa. La travesía más larga es la de Vimianzo. Cuando llegamos a Cee, el tiempo empleado es de una hora y 26 minutos. Y los parámetros medidos por el coche, son de un consumo medio de 5,6 litros y una velocidad media de 53 kilómetros por hora.

El regreso

Pasadas las cuatro de la tarde, iniciamos el viaje de vuelta, que no varía en nada hasta llegar al enlace de Santa Irene, donde se inicia una especie de circunvalación a Baio. Es un tramo de carretera nueva pero de solo un carril por sentido. Dura un kilómetro y da paso ya a la autovía, esta sí, con todas las de la ley. Asfalto nuevo, señalización perfecta, curvas bien trazadas. Hay que estar atento para no superar la velocidad máxima. En cualquier caso, no nos cruzamos con nadie que ponga a prueba a los radares.

El tráfico a primera hora de la tarde es escaso, por lo que la conducción es muy cómoda. Con inusitada frecuencia, la autovía va ofreciendo alternativas para salir. Hasta seis. Una salida cada cuatro kilómetros y medio. En apenas un cuarto de hora se acaba una infraestructura que ha costado 170 millones de euros y cuya ejecución se ha prolongado durante ocho años.

El salto a la vieja autopista en Carballo se nota. En la calidad del asfalto y en los trazados, mucho más barrocos, hasta el punto de encontrar limitaciones a 100 kilómetros por hora en curvas indignas de una autopista. El peaje por este último tramo es de 2,30 euros en dos entregas. Y el resultado final, un ahorro en tiempo de 23 minutos (12 en el nuevo tramo) con un consumo de 6,1 y una velocidad media de 86 km por hora. No hay color.

«Pode que en uns meses se note, pero de momento non afectou»

¿Cómo afectará la nueva vía a los negocios que han hecho fortuna pegados a la AC-552? No se aprecia demasiada inquietud entre los consultados. La mayoría destacan las numerosas salidas de la autovía para apoyar su esperanza de que el trasiego no disminuya de forma exagerada. Todo el tráfico local podrá entrar y salir con facilidad. Aunque de momento es demasiado pronto para extraer conclusiones: «Aínda hai moita xente que para para comer ou tomar café», opina Félix Castiñeira, un hostelero instalado en A Pedra (Cabana de Bergantiños): «Pode que en uns meses se note, pero de momento non afectou. A nós vainos beneficiar, porque chegamos antes a Carballo, onde levamos un cátering todos os días». Por ahora, se aprecian más ventajas que perjuicios.

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