El temor a fusionar las listas desata un nuevo «blackjack» político

J. C. SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

XOÁN A. SOLER

Podemos nunca tuvo una baraja nueva con la que jugar sus opciones, por lo que su peso electoral es todavía una incógnita

06 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Las complejas relaciones históricas de la izquierda y el nacionalismo en Galicia -que tiene su origen contemporáneo en la fundación del BNG, en 1982- han saltado a la luz periódicamente con la formación de las candidaturas ante las citas electorales. Antes ocurrió en el Bloque y ahora sucede en las mareas, que precisamente aspiran a ocupar su espacio y abrirse a otras sensibilidades que hacen más complicado si cabe una suerte de blackjack político de difícil encaje.

El precedente más cercano es Alternativa Galega de Esquerda (AGE), que vivió una situación similar antes de entrar en el Parlamento en la pasada legislatura. Les faltó tiempo para que la banca, o el botín en forma de diputados, saltase por los aires.

Los dos intentos y medio posteriores tampoco fueron jugadas sencillas. Para las municipales, las mareas abrieron las compuertas y fueron encajando sus piezas en tensas reuniones locales, y Podemos facilitó de alguna manera la captación de votos al renunciar a montar una candidatura y permitir a los inscritos participar a título particular o bajo siglas que no remitiesen directamente a la formación que crecía en las televisiones de la mano de Pablo Iglesias.