El temor a fusionar las listas desata un nuevo «blackjack» político

Podemos nunca tuvo una baraja nueva con la que jugar sus opciones, por lo que su peso electoral es todavía una incógnita


Santiago / La Voz

Las complejas relaciones históricas de la izquierda y el nacionalismo en Galicia -que tiene su origen contemporáneo en la fundación del BNG, en 1982- han saltado a la luz periódicamente con la formación de las candidaturas ante las citas electorales. Antes ocurrió en el Bloque y ahora sucede en las mareas, que precisamente aspiran a ocupar su espacio y abrirse a otras sensibilidades que hacen más complicado si cabe una suerte de blackjack político de difícil encaje.

El precedente más cercano es Alternativa Galega de Esquerda (AGE), que vivió una situación similar antes de entrar en el Parlamento en la pasada legislatura. Les faltó tiempo para que la banca, o el botín en forma de diputados, saltase por los aires.

Los dos intentos y medio posteriores tampoco fueron jugadas sencillas. Para las municipales, las mareas abrieron las compuertas y fueron encajando sus piezas en tensas reuniones locales, y Podemos facilitó de alguna manera la captación de votos al renunciar a montar una candidatura y permitir a los inscritos participar a título particular o bajo siglas que no remitiesen directamente a la formación que crecía en las televisiones de la mano de Pablo Iglesias.

Las mayores tensiones se resolvieron en las dos citas electorales para las generales. La representatividad en las listas para acceder al Congreso y al Senado fue todo un encaje de bolillos, pero no de sensibilidades políticas, «senón de nomes», como reconocía esta misma semana Carmen Santos, que cuando llegó a la dirección de Podemos ya se encontró con todas las cartas repartidas sobre la mesa desde el mes de diciembre. Sobre aquel diseño solo se hicieron los cambios reclamados a título personal por los candidatos, el resto se mantuvo, y así se vio cómo la formación morada conseguía colocar al número 1 de la provincia de A Coruña (Gómez-Reino) y situar en un puesto de salida a Ángela Rodríguez en Pontevedra. Ambos son considerados hoy en día «infiltrados» de la marea dentro de Podemos, y mantienen fuertes diferencias con la dirección. Por su parte, Anova, que políticamente se le puede considerar el partido alborotador del gallinero por cuanto propició numerosos debates que no siempre ganó, se quedó con un buen botín, los primeros puestos de Lugo y Pontevedra. Esquerda Unida, por su parte, cumplió su sencillo objetivo, que era colocar a Yolanda Díaz en Madrid como dos por A Coruña. Así las cosas, Podemos nunca tuvo una baraja nueva con la que jugar sus opciones, por lo que su peso electoral es todavía una incógnita. Aunque todos saben que su baza es necesaria para sumar 38 en O Hórreo.

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