Feijoo se da 48 horas para decidir si también adelanta las autonómicas

Tiene que renunciar a coincidir con el País Vasco o a convocar los comicios en octubre


santiago / la voz

Las elecciones vascas, que en el 2009 y en el 2012 se celebraron a la par que las gallegas, serán esta vez el 25 de septiembre, casi un mes antes de lo programado en un principio. Ese adelanto, comunicado ayer por Íñigo Urkullu, ha embarcado a Alberto Núñez Feijoo en una imprevista reflexión exprés. El presidente de la Xunta se ha concedido a sí mismo 48 horas, todo el fin de semana, para resolver si emula al lendakari o bien mantiene su intención de llamar a las urnas en octubre. Tras escuchar a cargos de su partido y de su Gobierno, tomará la decisión final «poniendo por delante los intereses de Galicia» y «tratando de mantenerla alejada de la inestabilidad política e institucional», ha asegurado a su entorno. Si optase por la vía del 25S, el lunes convocaría una reunión extraordinaria de su Gabinete y firmaría el decreto de disolución del Parlamento, que el martes publicaría el Diario Oficial de Galicia (DOG).

Indirectamente, el líder del PNV ha puesto en un brete al del PPdeG. Lo ha situado ante el dilema de incumplir su compromiso de convocar las autonómicas para el décimo mes del 2016, calendario que él mismo había confirmado públicamente anteayer, o renunciar a una nueva coincidencia en el tiempo de las vascas y las gallegas, la tercera consecutiva. Ayer mismo, solo tres horas antes de que Urkullu anunciase el anticipo de sus comicios, Feijoo manifestó que le «gustaría» que estos compartiesen fecha con los suyos.

El pasado también maniata un tanto al inquilino de Monte Pío. Hace cuatro años, el entonces lendakari, el socialista Patxi López, adelantó las autonómicas allí al 21 de octubre y el de Os Peares siguió sus pasos. «Non é razoable -adujo- que fagamos dúas convocatorias electorais cunha diferenza de 130 días. [...] As eleccións non poden ser de forma continua, e que esteamos permanentemente co calendario electoral celebrando eleccións en España». Y añadió: «Confeso que isto decantou definitivamente a miña decisión».

En la cruz de la moneda, apostar también en Galicia por el 25S supondría romper con la tradición, pues las autonómicas nunca han tenido lugar en septiembre, por cinco veces que se han desarrollado en octubre, una en noviembre, una en diciembre, una en junio y otra en marzo. También disolvería en la práctica la precampaña y llevaría la campaña a un inicio atípico: en la noche del 8 de septiembre, todavía en verano. Implicaría igualmente forzar la maquinaria de los partidos, con la obligación normativa de presentar las listas cerradas entre el 17 y el 22 de agosto.

¿Qué hacer entonces? En el seno del PPdeG la duda de Feijoo la comparten casi todos los que mandan, que hasta el jueves mayoritariamente señalaban el 2 de octubre como fecha más probable de los comicios, seguido del domingo 23. Más allá del cortés «haga lo que haga el jefe acertará», creencias hay para todos los gustos y sentencias muy pocas: «Sería difícil de explicar no coincidir», «creo que no nos queda otra que ir detrás de Urkullu», «la gente va a entender que mantengamos nuestros tiempos»...

El único que hasta ahora se ha salido un tanto de ese guion, explayándose a micro abierto, es el vicepresidente de la Xunta y barón de la organización en la provincia de Pontevedra. A preguntas de la prensa, Alfonso Rueda espetó ayer: «Dixemos que as eleccións ían ser no mes de outubro e en outubro serán». Esas declaraciones las realizó algo antes de que el lendakari pusiera sobre la mesa el 25S, pero en ese momento ya era consciente de que podría dar dicho paso. De hecho, se situó en un escenario de posible discrepancia. «Sempre se dixo -argumentó- que se procuraría coincidir [co País Vasco], pero procurar é unha cousa e a coincidencia é outra».

En su comparecencia de ayer ante los medios, Urkullu reveló que acababa de informar de sus intenciones a Feijoo y que este le había trasladado que aún no sabía cuándo fijar las gallegas. Además, cuestionados luego por la oposición, el dirigente nacionalista expuso sus motivos para el anticipo. Al frente de ellos puso uno que el propio presidente de la Xunta podría suscribir con los ojos cerrados: tratar de que la «inestabilidad en España», «la crisis más importante de la historia de su democracia», afecte «lo mínimo posible» a los vascos.

El presidente, ante su tercer cruce de caminos en solamente cuatro meses

Coincidir o no coincidir, adelantar o no adelantar. El Hamlet que es a veces Feijoo tomará este fin de semana una decisión relevante. Sumará la tercera de esas, de las importantes, que debe afrontar en solamente cuatro meses.

La primera de las disyuntivas la despachó en Semana Santa, si bien hasta el 2 de abril no hizo pública su postura. En aquellos días se convenció a sí mismo de que, antes de nada, ya no militaba en el PP, sino en Galicia, dicho en sus palabras. Es su manera de narrar lo que se le pasó en aquellos tiempos por la cabeza, cuando desoyó ofertas de la empresa privada y lanzó su candidatura a la reelección. «Sacar otra mayoría absoluta sería una excepción, pero vamos a intentarlo», declaró a La Voz horas después de anunciar que intentaría encadenar otro mandato.

El segundo cruce de caminos le sobrevino cuatro semanas después. El 30 de abril, entre un encuentro con afiliados en Ourense y otro en Monforte, el líder popular se detuvo a comer y a estirar las piernas en su concello natal, el ourensano de Os Peares. Paseando, aquella sobremesa de sábado meditó sobre las ventajas e inconvenientes de anticipar las autonómicas al 26 de junio, para hacerlas coincidir con la repetición de las generales del 20 de diciembre. En las jornadas precedentes, altos cargos de su organización habían intentado persuadirlo de que sí, de que aprovechase las crisis de la oposición y llamase a las urnas ya. Para cuando se subió al coche de nuevo y enfiló las tierras de Lemos, la balanza se había inclinado hacia un lado: los comicios serían cuando tocan, en otoño. «Lo hice por Galicia», se justificó luego ante los suyos.

Ahora se encuentra ante un escenario similar: seguir el reloj de Urkullu o el suyo propio. Aunque esta vez, a diferencia de las anteriores, escucha el tictac más relajado. Inesperadamente, los resultados del 26J le han insuflado un ánimo del que hasta hace nada carecía. La renovación del PPdeG y la Xunta que emprendió tras el batacazo de las municipales del 2015 comienza a dar frutos: solo los conservadores han crecido en votos, en escaños y en apoyo ciudadano. Llegó a pensar que jamás vería florecer nada de ello.

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