Veintidós años seguidos de beneficios

Aunque se resintió de los efectos de la crisis, la AP-9 acumula 2.519 millones de caja en sus 37 años

Las cifras de Audasa Las cifras de Audasa

Redacción / La Voz

El saneamiento económico realizado y el aumento de los tráficos son dos de las razones que hacen atractivo a Itínere. Y en ambas el comportamiento de la principal autopista gallega, la AP-9, es positivo. Tras unos años de bajada de los tráficos, estos han comenzado a recuperarse durante el último bienio, y también los beneficios han vuelto a subir. Aunque las cifras están muy por debajo de las de los buenos tiempos, la autopista del Atlántico ha atravesado los años de crisis con beneficios y en los dos últimos ejercicios ha mejorado resultados. De hecho, en el 2015 aportó el 82 % de los beneficios obtenidos por Itínere.

En ese último ejercicio, y a pesar de que el precio de los peajes permaneció congelado, la concesionaria de la autopista aumentó su recaudación, un incremento propiciado por la subida de los tráficos. La intensidad media diaria de vehículos que recorrieron la AP-9 fue durante el 2015 de 21.869, más de mil más cada día que el año anterior, que se había cerrado con una intensidad media diaria de 20.734 vehículos.

El balance del último ejercicio económico recoge que la autopista del Atlántico ingresó 134,24 millones de euros en peajes, una cifra a la que hay que sumar 1,5 millones más por la explotación de las áreas de servicio -un año antes, la recaudación a través de las cabinas había sido de 127 millones-. Estos ingresos, una vez descontados los gastos, reportaron a Audasa -la empresa, propiedad de Itínere, que gestiona la AP-9- un beneficio de 44,66 millones de euros. Una cifra más alta que la del año anterior, cuando los beneficios habían sido de 41 millones.

Estos dos últimos ejercicios son los primeros de ascenso después de seis años consecutivos, desde el 2008, de bajada de los tráficos, una circunstancia asociada a la crisis económica, que impulsó a muchos conductores a evitar esta vía para ahorrarse el peaje y que tuvo como consecuencia paralela una mayor saturación en otras vías convencionales gratuitas alternativas a la AP-9.

La autopista, que se inauguró en el año 1979, pasó sus siete primeros años en el entorno de los 5.000 vehículos diarios. Pero a partir de 1985 comenzó una escalada progresiva que se prolongó durante dos décadas con solo un año, el 92, de retraimiento en todo ese tiempo. En 1990 la intensidad media diaria superó por primera vez los diez mil vehículos, y en el 2002 se rebasó la barrera de los 20.000. La AP-9 alcanzó su mayor volumen de tráfico en el año 2007, con una media de 27.030 usuarios al día. A partir de ahí comenzó la caída, y ni siquiera los ascensos de los últimos años han conseguido devolver a la principal vía gallega a esas cifras de las que la separan todavía unos 5.000 vehículos diarios.

104 millones en el 2005

La evolución de los beneficios de Audasa, en cambio, no siempre siguió una curva similar a la de los tráficos. Hasta 1993 la autopista del Atlántico reportó cifras negativas, y fue a partir del año siguiente cuando comenzó a registrar beneficios. Muy pequeños durante los primeros años, hasta 1999, cuando dio el salto desde los 2,2 millones de euros del ejercicio anterior a los 40. A partir de ahí la evolución fue continua. El año de mayores beneficios para Audasa fue el 2005, con 104,5 millones, una cantidad que está muy alejada de los 44 millones del último ejercicio pero que, en todo caso, fue excepcional.

En total, durante los 37 años que suma ya la explotación de la autopista hasta el cierre del último ejercicio, su concesionaria ha recaudado en peajes 2.519 millones de euros.

En esta tesitura, no es extraño que la autopista que une el norte y el sur de Galicia se haya convertido en una de las principales infraestructuras entre las que gestiona Itínere, y sin duda sus resultados son un reclamo más para los posibles compradores, en este caso Globalvía.

Otro punto que sin duda contribuye a aumentar el interés de la autopista del Atlántico es el plazo de la concesión, que está blindado hasta el 2048. Quedan, por tanto, todavía 32 años para la explotación de la principal vía gallega de altas prestaciones.

Los sindicatos confían en que la operación no afecte a la plantilla

Los trabajadores de Audasa están, en principio, tranquilos ante la posibilidad de que la empresa sea vendida. Eso sí, se mantendrán a la expectativa por lo que pueda pasar. No es la primera vez que la concesionaria de la AP-9 cambia de manos y en principio esas variaciones no suelen afectar a la plantilla. «La mayor preocupación que tenemos hoy es la automatización, que la fuimos solventando a base de acuerdos para que se respetase al personal contratado», explican desde el comité de empresa.

Los trabajadores recuerdan que hace ya dos años «hubo un movimiento de traspaso a un fondo de inversión» y por lo tanto ya vivieron una situación similar a la que se avecina. Ya están acostumbrados, dicen, a que su empresa cambie de titulares y este nuevo movimiento «no tendría que suponer ningún cambio, al menos en principio». De todos modos, aseguran, estarán «a la expectativa».

Fomento continúa guardando silencio

A pesar de que Itínere se encarga de la gestión de seis autopistas, la mayoría de ellas de titularidad estatal, es decir, competencia del Ministerio de Fomento, este departamento no se ha pronunciado todavía sobre el posible cambio de manos de al menos parte de las acciones de esa empresa. El departamento que dirige la ministra Ana Pastor reiteró el martes a este diario que no iba a hacer ningún comentario sobre la operación.

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