Pere Navarro: «El permiso por puntos supuso un antes y un después en seguridad vial»

José Manuel Pan
José Manuel Pan REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

RAMON LEIRO

El exdirector de Tráfico destaca el éxito del sistema de sanciones, pero cree que pueden hacerse actualizaciones

17 nov 2019 . Actualizado a las 21:53 h.

«Mayo del 2004. El ministro José Antonio Alonso me encarga dos cosas: una, que ponga en marcha el permiso por puntos, y dos, que acabe con las colas en las jefaturas de Tráfico. Y se hicieron las dos cosas». Así resume Pere Navarro (Barcelona, 1952) «aquella historia bonita» de la puesta en marcha, el 1 de julio del 2006, del carné por puntos. Él era entonces el director general de Tráfico. Diez años después, y miles de muertos menos en la carretera, Navarro analiza desde Marruecos, donde reside, el exitoso sistema: «El permiso por puntos supuso un antes y un después en la política de seguridad vial».

-¿Era necesario un cambio?

-Había 5.500 muertos cada año en España, y el Gobierno tenía que hacer algo para cambiar el drama en las carreteras. El permiso por puntos fue la palanca que puso en marcha el cambio en la cultura de la seguridad vial.

-Y con el apoyo de todos.

-El permiso por puntos fue aprobado en el Congreso sin ningún voto en contra. Eso lo sustrajo del debate político. En España perdemos mucho tiempo en el debate entre unos y otros. Cuando algo sale con consenso ya no hay debate político y no hay división social. Mire, la seguridad vial no es de derechas ni de izquierdas, es un problema de todos, es un problema de Estado, y hay que hacer lo que hay que hacer. Punto final.

-¿Cómo transmitieron el cambio?

-Era decirle al conductor que su carné no es un derecho absoluto, sino que es un crédito que la sociedad le da para compartir la vía pública con los demás. Si comete grandes infracciones contra la seguridad vial se le va retirando ese crédito. Y si lo agota queda fuera un tiempo, tiene que hacer un curso y volver a empezar. Iba dirigido a los multirreincidentes, que eran pocos pero hacían mucho daño. Tenían entre 30 y 40 denuncias cada año y conducían con manifiesto desprecio a las normas y a los demás. Si las cosas se explican bien, el ciudadano responde.

-A usted se le concede el éxito de haber sabido comunicarlo.

-Si cambias las reglas de juego has de explicárselo al ciudadano. No vale solo con decir que hay una ley nueva. Hubo una campaña de seis meses de comunicación explicando qué, por qué y para qué era el permiso por puntos. Nos obsesionaba hacer comprensible lo complicado.

-Y salió bien.

-Pero el ejemplo no fue solo que bajase el número de víctimas, sino que también hubo un cambio de comportamientos. Ya estaba prohibido beber y conducir, y exceder los limites, pero las leyes no se cumplían.

-¿Fue una apuesta arriesgada?

-Muy arriesgada. En Francia tuvieron tres años para la puesta en marcha, y en España nos dieron un año. Eso nos obligó a estar al límite, pero teníamos un equipo muy motivado y muy comprometido. Eran los mejores.

-Esos años antes del carné por puntos eran tremendos en Galicia.

-Había muchos accidentes. Y nos echábamos las manos a la cabeza con aquello de las vías rápidas de Galicia. En la DGT nos preguntábamos cómo se le podía llamar vía rápida a una carretera. Eso invitaba a correr.

-¿Ha perdido eficacia el carné por puntos?

-Es un buen ejercicio revisar las cosas en función de la experiencia acumulada. Creo que con diez años de experiencia se puede intentar revisar al menos las infracciones, porque hay que centrar el sistema en las que más daño hacen en cada momento. Y tienen que ser pocas, para que el ciudadano lo entienda. Y también los cursos. Estaban bien, pero diez años después hay que actualizar todo.

-¿Qué hay que hacer?

-El futuro de la seguridad vial está en la movilidad. Y en las ciudades. Son las protagonistas del siglo XXI. Ahora las ciudades están reflexionando sobre los desplazamientos a pie.

-En eso la ciudad de Pontevedra es un ejemplo.

-Hombre, a la ciudad de Pontevedra la poníamos de ejemplo siempre. Pontevedra arriesgó. Nadie entendía lo que trataba de hacer, pero el resultado habla por sí solo. Es una ciudad amable para vivir. Arriesgó y se ve que los resultados lucen, y por eso recibe reconocimientos como ejemplo de ciudad en movilidad urbana.

-¿Le piden asesoramiento desde la actual DGT?

-La verdad es que no. Pero, bueno, cada uno tiene su etapa, sus formas. No recuerdo que me hayan consultado nada, pero esto es muy de nuestro país. Me preguntan desde Latinoamérica. Cuando pusimos en marcha el permiso vieron que bajaban los accidentes en España y muchos países hicieron una especie de competición para poner en marcha el sistema. Pero no establecían unos requisitos mínimos para que funcionase y tuvimos que enviar a un funcionario por toda Latinoamérica para evitar que pusieran en marcha el permiso sin unas condiciones previas.

-¿Se siente reconocido?

-Haber ayudado a evitar dramas con coste humano produce cierta satisfacción interior. Y haber trabajado con un equipo de lujo que puso en marcha algo que ha funcionado razonablemente bien también satisface. Hemos ayudado a salvar vidas y a evitar muchos dramas. Después de un accidente de tráfico ya nada es igual. Fue un pacto de Estado, pero fue más un pacto con la sociedad. La lección es que, si nos ponemos todos a una, se explica bien y se compromete a la gente, el ciudadano responde. Es la gran lección del permiso por puntos.