Vivir y cobrar como un senador

La Cámara alta mantiene remuneraciones y privilegios alejados de la realidad ciudadana a pesar de los tímidos recortes, que han sido solapados por una controvertida indemnización

El salario del Senado El salario del Senado

santiago / la voz

El Senado no levanta cabeza. Como institución suma ya más de dos décadas apoltronada en un cuestionamiento social permanente por su dudosa utilidad práctica y por la más que evidente falta de tensión laboral. Los españoles abrieron los ojos a la realidad de este órgano de representación a principios de los 90, cuando conocieron la millonaria reforma del edificio de la calle Bailén. La lupa de aumento se puso entonces sobre el que también ha sido denominado como un cementerio de elefantes de la política, el lugar perfecto para pagar con dinero público por los servicios prestados en otras instancias, de partido o institucionales. Las leyes de transparencia desarrolladas en los últimos años arrojaron luz sobre los sueldos y privilegios de los senadores. Y España se sonrojó. 

Indemnización

El último escándalo. Los senadores, que en cada legislatura de cuatro años se renuevan parcialmente, tampoco han ayudado a prestigiar la institución con sus actuaciones. La última controversia afecta a 181 cargos electos de 266, catorce de ellos gallegos (del PP, del PSOE y de la coalición tripartita En Marea -EU, Podemos y Anova-), que el 3 de mayo cesaron en su actividad pero que han reclamado el cobro de una indemnización de 8.345 euros, lo equivalente a dos mensualidades -sin dietas ni complementos- y que ingresarán en sus cuentas corrientes sin necesidad de ir al trabajo. Solo trece renunciaron, y porque en la mayoría de los casos tienen cargos públicos por los que pueden cobrar. De todos los políticos consultados, solo el presidente de la Xunta consideró «moi opinable» la recepción de esta cantidad, mientras que el resto la justificaron por tratarse de un salario «de transición» o de una ayuda para aquellos que han dejado su actividad profesional por la política y no pueden reincorporarse a ella por unas semanas, hasta que haya nuevas elecciones. ¿Y qué hacen los 71 senadores restantes? Continúan cobrando su salario hasta la cita con las urnas en la Diputación Permanente, un organismo que, salvo cataclismo político, carece de actividad. El acuerdo de la indemnización se selló en la Mesa de la Cámara, compuesta por el PP (4 miembros), PSOE (2) y PNV (1).

Presupuesto

Más de 50 millones. El presupuesto anual del Senado en el último ejercicio completo (2015) fue de 51 millones de euros, de los cuales el 41 % se corresponden con gastos de personal, otro 41 % son gastos y servicios corrientes y un 14 % son transferencias a otras instituciones y fundaciones sin ánimo de lucro. De la partida de los gastos, en el primer trimestre del 2016 se destinaron 608.000 euros a desplazamientos. En el año anterior estas facturas superaron los dos millones de euros.

Salarios y complementos

Al bolsillo. Al margen de lo que cada senador haga con sus ingresos -todos aportan una parte a su partido de una u otra forma- el sueldo de estos está unificado. Todos cobran 2.813 euros al mes, y los que residen fuera de Madrid reciben además por este motivo una «indemnización» -así se llama- de 1.822 euros. Los de Madrid se quedan en 869 euros. Estas dos cantidades están exentas de tributación. Las cifras son de senador raso, porque por las portavocías existen complementos de hasta 2.667 euros, y al participar en comisiones o mesas se pueden ingresar entre 700 y 1.400 euros más, según la responsabilidad en el puesto.

Los recortes

Discretos. En el 2010, cuando la crisis y la austeridad comenzó a arrasar los sueldos públicos y privados, los congresistas y senadores se rebajaron el sueldo un 10 %. En la anterior legislatura se maquillaron otros aspectos relativos a las pensiones de oro que recibían, con condiciones muy ventajosas, y en el 2012 la Mesa del Congreso decidió suspender las aportaciones de la Cámara al plan de pensiones.

Los viajes

El transporte, otro «sueldo». A pesar de que reciben una cantidad nada desdeñable por vivir fuera de la capital de España, los senadores tienen pagados todos los viajes que realicen en transporte público, incluido el montante por aparcar su coche particular en estaciones o aeropuertos. Si tienen oportunidad de viajar en Iberia lo harán en Business, por el convenio de esta compañía con la Cámara, aunque a diferencia del pasado, los gastos por transporte los paga directamente la Cámara a las empresas o se abonan una vez se presentan las facturas. En el caso de hacerse con el coche particular, suponen hasta un sobresueldo: el kilometraje se paga a 0,25 euros y los peajes también corren por cuenta pública. Además, reciben una tarjeta-taxi que les permite gastar hasta 3.000 euros para moverse por Madrid. Si viajan al extranjero por motivos de trabajo, las dietas son de 150 euros (en España, 120).

Otros privilegios

Teléfonos, tablets, asistentes... Al tomar posesión de su cargo, los senadores reciben un teléfono, una tablet y un despacho, individual o compartido. Además, los grupos pueden contratar personal asistente de confianza. En la actualidad hay cuarenta puestos laborales de este tipo. Para rematar el dispendio, los distintos grupos (PP, PSOE, Podemos, dos catalanes, uno vasco y uno mixto) reciben una subvención general en función de la representación.

Martiño Noriega, comprensivo con los exsenadores que pidieron los 8.345 euros

El alcalde de Santiago por Compostela Aberta y coportavoz de Anova, Martiño Noriega, ha afirmado que «entende» que los exsenadores gallegos pertenecientes al PPdeG, PSdeG y En Marea (coalición tripartita en la que participa Anova) hayan solicitado la indemnización correspondiente a estos cargos por el fin de legislatura, que asciende a 3.845 euros y cuya percepción ha provocado una tormenta en las redes sociales y ha provocado las críticas del presidente de la Xunta.

Noriega dijo, en declaraciones a Europa Press, que prefiere «non entrar en valoracións», aunque dice «entender» que haya ocurrido y ha recordado que se trata de «retribucións regladas».

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