Y después de Feijoo, ¿quién?

El líder del PPdeG evita dar bazas para su sucesión con el fin de que la oposición no aluda a que hay un plan B si es derrotado


ourense / la voz

«Hai que estar frío para acertar nas decisións», explicó ayer Alberto Núñez Feijoo para sacudirse su perfil de político calculador y distante. Y esa frialdad está plasmada ahora también en la disposición de la nueva estructura del partido, donde nadie atrae ni un rayo de luz de más que pueda cuestionar que Feijoo solo tiene un plan de futuro para el PPdeG: él mismo. Para eso se presenta por tercera vez a la presidencia de la Xunta. «La pregunta sería, ¿por qué no se ha quedado?», dijo a los suyos, advirtiendo que ha renovado el partido para ganar «e volver a estar diante nas maduras como o estiven nas duras. Sete anos bíblicos de vacas gordas», pidió, sin despejar si es que se plantea incluso dos mandatos más.

¿Quién es el mejor colocado si se desata una imprevista sucesión?

Lo primero que dijo Miguel Tellado tras ser designado secretario xeral, es que «cada momento requiere un tipo de equipo y esta es una estructura para el 2016. En su nombramiento nadie en el PP acierta a ver un signo sucesorio, aunque asuma la secretaría xeral y la portavocía a la vez. Feijoo ha optado por designar cometidos, para su número dos, como para los vicesecretarios, sin que esta vez los nombramientos conlleven reconocimientos de poder en el partido. Por ello nadie ha salido señalado del cónclave de Ourense como posible heredero.

¿Por qué lo evita Feijoo?

En su entorno coinciden en aceptar que se trata de evitar evidenciar cualquier síntoma de duda respecto a las posibilidades de retener la Xunta. Un nombramiento que conllevase el reconocimiento de un peso político interno por encima de los demás dirigentes y al margen de los mandatos funcionales ahora encomendados, podría haber sido interpretado por la oposición como un plan B del PPdeG, si Feijoo no logra retener la presidencia de la Xunta, o si las circunstancias le llegasen a otorgar algún papel en la política estatal. El nombramiento del conselleiro José Manuel Rey Varela como secretario xeral, señalado antes en todas las quinielas, podría haber tenido ese efecto.

¿Y si el PP es derrotado?

Solo Feijoo tiene en la cabeza qué hacer en ese caso, en el que, eso sí, en su partido no hay quien lo vea haciendo oposición cuatro años. Tampoco hay duda de que su dedo sería casi tan decisivo como lo fue en su día el de Aznar al señalar a Rajoy como sucesor, aunque los tiempos son otros y hasta en el PP estatal se comienzan a reivindicar primarias.

¿Quiénes son los pesos pesados ahora?

Las épocas de las baronías territoriales en el PPdeG están en extinción. La de José Manuel Baltar no vive su mejor momento y, como hiciera José Manuel Barreiro antes de dejar la presidencia del partido en Lugo, busca casi más respaldo ahora bajo el manto de Rajoy que del de Feijoo. Rueda ha empezado su proyecto para dejar de ser dirigente sin territorio, y se ha lanzado a conquistar Pontevedra, tratando de apagar el ruido que se está generando en el partido en Vigo y ofertando la vuelta a casa de los que algún día se lanzaron al mar de las listas independientes locales abandonando el PP. Pedro Puy, portavoz del grupo parlamentario, concita el reconocimiento interno de ser uno de los que en la estructura del partido se ha hecho poseedor de un espacio propio ante Feijoo. Carlos Negreira -rescatado junto a otros cuatro alcaldes urbanos de mayoría absoluta como miembros permanentes de la dirección-, Rey Varela y Diego Calvo, conforman uno de los grupos de poder más visibles en el partido. Y Agustín Hernández, el exalcalde compostelano, goza del reconocimiento de Feijoo, pero ya tiene un encargo: recuperar la alcaldía en el 2019, mientras ha visto como su peso como vicesecretario se repartió en cuatro áreas con su misma jerarquía.

¿Cómo acogen los cambios los exbarones?

Los consultados conceden a Feijoo todo el crédito, pero aguardan a ver cómo funciona el experimento de concentrar gran parte del poder orgánico del partido en un cargo sin capacidad ejecutiva en el Gobierno, como le ocurre a Tellado, al contrario de lo que sucedía con Rueda, a la vez secretario xeral y vicepresidente de la Xunta.

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