La reválida de sexto, bajo la lupa

Cinco expertos analizan las últimas dudas de la prueba que esta semana realizarán unos 22.000 niños gallegos de sexto: dar o no el temario, su utilidad y la falta de información


Santiago / La Voz

A pocas horas de la reválida de sexto de primaria en Galicia, muchos profesores todavía no saben qué pasará si «cae» una pregunta del temario que todavía no han dado; a muchos padres les parecen insuficientes las competencias que se analizan (¿por qué no historia de Galicia, dibujo o educación física?); y todavía hay quien tiene dudas sobre su valor académico y repercusión en el expediente del alumno. De todo eso y mucho más hablaron, invitadas por La Voz, cinco personas que conocen de cerca la ley: José Miguéns, director del CEIP Lamas de Abade, en Santiago; Francisco Javier Barros, director del colegio concertado Sagrado Corazón de Jesús de Pontevedra, que acudió en nombre de Escolas Católicas; Anxo Louzao, secretario nacional de CIG-Ensino y portavoz de la Plataforma pola Defensa do Ensino Público; María José Mansilla, presidenta de las ANPA de colegios concertados (Concapa); y Manuel Corredoira, director xeral de Educación de la Xunta.

¿Y el temario que falta?

Uno de los asuntos que más preocupaba era qué pasa con el temario que no se ha dado. José Miguéns explicaba que «o profesor ten que ir a mil por hora para chegar a dar todo o temario, porque aínda que se avalían as competencias, estas baséanse en contidos, por exemplo, os perímetros. E esa necesidade de completar o temario fai que a xente estea moi estresada». Francisco Barros, por su parte, apuntó otra cuestión: «Hai problemas coa programación polo cambio dos libros de texto, algúns adaptados á Lomce pero outros foron adaptados polos profesores, que tiveron que facer traballo de luthiers». El tema lo zanjó Corredoira: «Non debería haber problema co temario, porque o propio sistema de corrección analiza os ítems [las preguntas] do alumnado, a clase, o centro e a comunidade, e se detecta algunha distorsión o sistema salta e ese ítem non ten validez e se reaxusta a nota». Es decir, el propio algoritmo que analiza los resultados tiene en cuenta que puede haber asuntos no tratados a principios de mayo.

Lo curioso es que los profesionales convocados -directores de colegio y representante de los profesores- no supiesen de esta solución, cuando todos habían detectado el problema. Y es que la poca información que ha dado la Xunta sobre la reválida -poca y tarde- fue una de las quejas más repetidas: «¿Por que non se ten en conta ao profesorado?», se preguntaba Anxo Louzao, mentres Barros pedía «un pouco de sensibilidade cos mestres, que botan moitas horas, non so coas tizas, e ven que ninguén lles bota conta» y María José Mansilla explicaba que a los padres les gustaría «ter un papel maior e axudar».

La limitación de las competencias que se analizan en la reválida -las lenguas, matemáticas y ciencias- fue otro de los asuntos que se pusieron sobre la mesa. ¿Por qué no incluir artes plásticas o historia? También aclaró el director xeral de Educación que la prueba no tendrá un contenido de expresión oral en inglés -el llamado speaking-, ni siquiera en español o gallego, a pesar de que sí lo contempla la ley y es fundamental para garantizar el control completo del aprendizaje.

Estos asuntos hacen que en general se considere que la prueba es inútil, cuando no negativa. José Miguéns recalcó que «naceu con polémica» y, como en el caso de la reválida de tercero, «con inquedanza para as familias», que no para los profesores, que vieron como los resultados fueron iguales en la reválida que en la evaluación «e incluso melloraron as notas». Francisco Barros coincidía con él en la tranquilidad de los maestros ante la prueba pero reconoció que estos exámenes sí generan «inquedanza entre os profesores en tanto parece que poñen en solfa o que estamos facendo nós». Anxo Louzao resultó más directo -«as reválidas forman parte da propia filosofía da Lomce, un preámbulo para as de ESO e bacharelato»- y Manuel Corredoira la calificó como «un elemento máis de contraste e axuda». Por su parte, María José Mansilla no dudó en señalar que «a avaliación ten que existir, pero xa existe dende o primeiro día, é a avaliación continua».

El hecho de que los resultados de la prueba supusiesen refuerzos en algunos colegios -setenta en concreto- tampoco fue muy bien acogido. «¿Pero hai que esperar aos resultados da proba para saber se un colexio necesita profesor de apoio?», se preguntaba Anxo Louzao. Y José Miguéns recordaba que «en todos os centros se analiza a fondo a situación, e a programación do ano seguinte faise coas medidas necesarias para arranxar os problemas do ano anterior», no hace falta que una prueba externa explique lo que falla. Hay que recordar, como apuntó María José Mansilla, que «no medio están os alumnos e, ao seu lado, os seus pais, que teñen un cacao enorme con estas probas. Xógase con nós e somos os últimos en recibir a información».

La ratio de profesores, otro asunto espinoso

«Todos os centros galegos teñen os profesores que necesitan» fue la frase de Manuel Corredoira que desató otra polémica con Anxo Louzao. Este explicó que aunque las ratios gallegas sean bajas (pocos alumnos por profesor) «habería que mirar onde está concentrada a poboación e cales son os seus ratios». Por no hablar de clases de inglés con casi 30 alumnos: «¿Algún pai pagaría por unha clase de inglés así?», preguntó Louzao.

Llevar o no llevar a los hijos al colegio, el gran dilema

Fue el asunto más espinoso de la reunión, porque había dos posturas enfrentadas: la que defendía Manuel Corredoira y la que enarbolaba Anxo Louzao. Hay que recordar que desde la Plataforma pola Defensa do Ensino Público -de la que es portavoz el sindicalista- se pide a las familias la insumisión, que no manden a sus hijos a clase los días de las reválidas (tanto de tercero como de sexto), e incluso desde el sindicato que dirige Louzao, CIG-Ensino, se convoca a los profesores a no participar en los exámenes, ni cuidando las clases durante la reválida ni corrigiéndolas. Frente a esta medida de presión contra el ministerio, el director xeral de Educación recordaba que se trata de una ley vigente aprobada por un Parlamento democrático y que por tanto es de obligado cumplimiento. Así, mientras Corredoira recordaba que «se os pais non levan aos rapaces á clase fan mal», Louzao apuntaba que «é a única capacidade de rexeitamento que temos». Y ante la protesta de Corredoira porque se trata de una «lei vixente aprobada por un parlamento democrático», Louzao consideró que «o máis democrático sería paralizar a lei, como acordou o parlamento», en referencia a la aprobación de la medida por parte del Congreso que acaba de ser disuelto.

En medio estaban las posturas de Barros, Mansilla y Miguéns, que más o menos resumió este último, ligeramente enfadado con la situación general: «Estamos cansos de que despois de que impoñan unha norma non pase nada por no facela. Hai varias comunidades autónomas que xa o din. ¿Entón para que a fago eu? ¿Non vale para nada? Pois da moito traballo organizala, facela, pasala ao programa informático...». Y recordaron el caso de Andalucía, cuya presidenta reconoció estar totalmente en contra de la reválida pero que se cumpliría en la comunidad por lealtad a la legalidad.

En este contexto hablar de pacto resultaba ilusorio: la libertad de los padres para elegir centro -religioso incluido- chocaba con la propuesta de laicidad, y por mucho que Corredoira recordase que «hai máis puntos de acordo que desacordo», este se mantuvo hasta el final.

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