El aumento de la jornada laboral frena los avances en las políticas de conciliación

El incremento de las plazas de guardería no basta para resolver el problema

Plazas de guarderías sostenidas con fondos públicos Plazas de guarderías sostenidas con fondos públicos

redacción / la voz

Galicia ha logrado por fin coger el paso a Europa en número de plazas de Educación Infantil. Trece años después de que Bruselas recomendara a los miembros de la UE en la Cumbre de Barcelona del 2002 que en el horizonte del 2010 debían de ofertar una plaza pública por cada tres niños de cero a tres años, este curso ha alcanzado el ratio. La caída de la natalidad (en el 2015 la comunidad tenía 6.949 menores de esa edad menos que 5 años antes), unida con las nuevas plazas puestas en marcha por la Xunta han contribuido a lograr el objetivo. El curso que viene incluso habrá, como dicen desde Política Social, 1.871 plazas más pagadas con fondos públicos, una cantidad que hace crecer la oferta un 9 %.

Pero la cuestión es que cumplir la regla que marca Europa no es la solución para acabar con los problemas de conciliación que viven muchos padres en la comunidad. La cultura empresarial, el horario laboral y el aumento de la jornada con horas extra para completar uno de los salarios más bajos del país (los gallegos cobran una media bruta mensual de 1775,83 euros, la tercera cantidad más baja de España) son la raíz del problema. «Hay que racionalizar los horarios para alcanzar la corresponsabilidad entre madres y padres a la hora de cuidar un hijo. Eso permitiría aprovechar más el talento de la mujer porque algunas aparcan la carrera», dice Ascensión iglesias, la presidenta de la Unión Nacional de Asociaciones de Familias (UNAF).

No hay una fórmula perfecta para hallar una solución común. Y es que la heterogeneidad del tejido industrial y empresarial gallego no lo hace fácil. No es lo mismo alguien que trabaje en hostelería que una persona que, pese a tener turno partido, pueda acabar la jornada a las ocho de la tarde. «La solución no son las plazas, la cuestión es la cultura empresarial y los horarios de trabajo. No hay ninguna guardería pública donde puedas dejar a los niños hasta las doce de la noche, hora a la que sale, por ejemplo, alguna persona que trabaja por turnos», apunta una de las componentes de la junta directiva del ANPA de A Raiola, en Santiago, Nuria Fernández. La suya es una escuela infantil gestionada por padres que cuenta con ayudas públicas.

¿Cómo se confeccionan los horarios? En base a la demanda de los padres. «En los centros que gestionamos aquí, tenemos 19 tanto públicos como privados, -explica la directora de las escuelas infantiles Os Pequerrechos, Paula Gundín- la mayor demanda es de mañana, hasta las cinco de la tarde, pero luego estamos abiertos hasta las ocho o las ocho y media para las mamás que tienen turno de tarde. Las escuelas municipales las abrimos hasta las ocho porque nos lo piden. Pero tenemos algún centro como el del hospital Clínico de Santiago que abre hasta las diez para dar servicio al personal sanitario que trabaja, por ejemplo, en Urgencias». Los horarios de las guarderías del Consorcio de Bienestar realizan el horario en base a la mayoría.

En estos momentos el plazo ordinario para pedir una plaza en las guarderías del Consorcio ha acabado, pero no está concluido el reparto de plazas. Hasta el 2 de mayo podrán pedir plaza los adoptados o nacidos entre el 28 de marzo y el 2 de mayo, los que hayan cambiado de concello o en aquellos casos que la administración entienda que lo requieren.

Los avances

A la hora de preguntarse cuánto ha avanzado Galicia en el terreno de la conciliación hay varias respuestas. Algunas totalmente opuestas. Al repasar, por ejemplo, el número de convenios colectivos de empresa que incluyen medidas de conciliación de la vida laboral y familiar el porcentaje es alto. En torno a un 98 % tienen cláusulas de este tipo, un índice que crece al 100 % al hablar de convenios de sector. La cuestión es cuántas de esas medidas son realmente efectivas. «Dar un día más de asuntos propios computa como medida de conciliación, pero ¿qué arregla eso a la hora de conciliar? Nada. Y lo mismo ocurre con la medida de aumentar dos días la libranza por casarse», apuntan fuentes conocedoras de las negociaciones colectivas en Galicia. Otra cosa son los que incluyen temas como la elección de jornada o flexibilizarla para poder llevar o recoger a los niños en el colegio. Pero esos son muchos menos.

Pero esas mismas fuentes aportan otra nueva pista para entenderlo: «El nivel salarial en Galicia es tan bajo que la gente prefiere ampliar la jornada con horas extras. Paralelamente al negociar un acuerdo colectivo los trabajadores suelen preferir un aumento de salario que medidas reales de conciliación», indican. Y es que en Galicia todavía están muy arraigados los roles de la familia tradicional en los que abuelos u otros familiares ejercen de cuidadores.

¿Cómo concilia usted?

«Al no tener aquí familia, tenemos que tener una chica que nos ayude»

Ilene Cendón es médica en el hospital Álvaro Cunqueiro, en Vigo, pero vive en Ourense. En la ciudad de As Burgas trabaja su marido, que también es facultativo. Tienen dos hijos de uno y tres años. La fórmula que tienen para conciliar es «despertarse muy temprano e ir a dormir muy tarde», dice. Y cuenta con la ayuda de una chica que, además de atender a las pequeñas, le ayuda con las tareas del hogar. «Hace la comida porque llego como muy temprano a las cuatro y media de la tarde y no me gusta tener la comida hecha del día anterior», explica.

De no tener esa ayuda adicional sería complicado poder atender a todo con un horario por turnos como el que tiene esta pareja. «El horario que tengo en el Álvaro Cunqueiro es de ocho a tres, luego hay seis guardias al mes que pueden ser de 17 o 24 horas el fin de semana», explica.

Su esposo trabaja mañana y tarde. «Al no tener aquí familia porque somos venezolanos, tenemos que tener una chica que nos ayude», explica.

No contar con la familia cercana para que eche una mano en el cuidado es algo común entre muchas parejas jóvenes que han tenido que desplazarse para trabajar a las grandes urbes o sus áreas metropolitanas.

«Co turno de traballo que hai no parque resulta bastante cómodo»

Víctor Carballés es bombero en el parque municipal de Lugo. Tiene dos pequeñas gemelas que comenzaron a ir al colegio este curso. Ante fueron a una escuela infantil. En ese océano que componen los diferentes tipos de familia que hay en Galicia, la de Víctor y su mujer es un claro ejemplo de corresponsabilidad en el cuidado de su familia. «Compartimos tódalas tarefas porque cando un non pode vai xa o outro», dice. Sus horarios laborales favorecen esa corresponsabilidad porque su mujer tiene turno de mañana. Aunque no hay medidas concretas para favorecer la conciliación, indica que «co turno de traballo que hai no parque resulta bastante cómodo compatibilizar a vida laboral e familiar».

¿Por qué? Trabajan en turnos de 24 horas, pero luego libran cuatro días como marca el convenio. Por eso, Víctor puede llevar a sus hijas al colegio, recogerlas, jugar... ejercer de padre. El único día que no puede hacerlo es cuando trabaja durante las 24 horas. «Ese día é a miña muller a que as vai levar e recoller ao colexo. Despois está toda a tarde con elas», apunta. Menos el día que Víctor trabaja, los dos comparten la tarea de ir a buscarlas a las actividades extraescolares, darles la merienda...

«Me acogí a la modalidad de teletrabajo dos tardes a la semana»

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«Me acogí al teletrabajo dos tardes a la semana» Eugenia Serano es técnica de laboratorio en Repsol y tiene dos niños

Es química y madre de dos niños. Ocupa el puesto de técnica de laboratorio en la refinería de Repsol, en A Coruña. Durante los 20 años que lleva trabajando ahí ha pasado por varios departamentos. «La jornada para los que no estamos a turnos, es de mañana y tarde, salvo en los meses de junio a septiembre y todos los viernes del año, que hay jornada intensiva, siendo más fácil la conciliación», explica.

Hace seis años comenzaron una prueba piloto de teletrabajo. «Mis niños eran entonces pequeños y me pedían que estuviera más tiempo con ellos. Me acogí a la modalidad de dos tardes a la semana, lo que me permite estar más presente para ellos a la vez que realizo mi trabajo», dice. Y añade que tanto «en mi anterior puesto como técnico de medio ambiente, como en el actual, una parte de mis funciones requieren presencia física, pero otras funciones sí son teletrabajables. Las tecnologías actuales nos dan muchas facilidades y me permiten trabajar desde casa prácticamente como si estuviera en mi puesto. Hace falta eso sí, organizarse». Reconoce que hay muchas casuísticas personales, pero en su caso «el no trabajar los viernes por la tarde, la jornada intensiva en verano y mi condición particular de teletrabajadora dos tardes a la semana, son fundamentales para compatibilizar mi vida laboral y familiar».

«Dependo de mis padres y de tíos. No puedo cerrar a las cinco»

Elvira Fernández vive en el concello de Poio. Es la propietaria del salón Elvi Peluquería y Estética y también es la presidenta de la Asociación de Peluquerías de Pontevedra. Conoce bien lo que ocurre en el sector en temas de conciliación de la vida laboral y familiar. Por lo que le cuentan y por su propia experiencia. Sabe cómo es desde hace ya quince años.

«Dependo de mis padres y de mis tíos porque ahora, tal y como están las cosas no puedo cerrar a las cinco de la tarde», explica. Eso era lo que hacía cuando eran más pequeñas, cuando iban a la escuela infantil. Pero entonces eran otros tiempos, había más trabajo que ahora. «Lo que hago es que procuro que estén aquí conmigo todo el tiempo que puedan», añade.

Y habla de la realidad de un tipo de negocio en el que manda la jornada partida para muchos de los empleados, pero en el que los propietarios, la mayor parte autónomos, deben hacer muchas horas durante seis días a la semana, de lunes a sábado.

«Antes de que llegara la crisis los salones podían tener una media de tres o cuatro empleados, ahora tienen entre dos y tres. El resto de horas tiene que cubrirlas el autónomo porque dependes de la clienta o el cliente que entra por la puerta». Eso complica la conciliación.

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