La clausura se abre a Internet

Los monasterios gallegos aprovechan las ventajas de las nuevas tecnologías para publicitar y vender sus creaciones, desde dulces tradicionales y licores hasta productos cosméticos

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Redacción

La hermana Paula resuelve en pocas palabras la aparente contradicción: «En la Edad Media, los monjes iban a las ferias a vender sus artículos, ahora las ferias se mueven en Internet. Se trata de adaptarse al ritmo de los tiempos sin menoscabar nuestra identidad monástica, que pasa por vivir de nuestro trabajo». No es incompatible, explica la monja de Armenteira, la vida de recogimiento que practican las órdenes de clausura con su presencia en la Red. Los monasterios gallegos tienen, de hecho, acceso a Internet y no solo eso, sino que muchos de ellos han abierto su propia página web. Incluso algunos se han subido al carro de la venta electrónica, tanto a través de sus propios portales como en plataformas como declausura.com, que se promociona como el torno on line, en alusión al elemento que en los conventos de clausura separa la vida interior y el mundo exterior.

«Bien utilizado, las ventajas que aporta Internet son enormes. Desde el punto de vista comercial, poder acceder al mercado a través de la venta on line nos permite ofertar nuestros productos desde el monasterio», añade la hermana Paula, cuya comunidad comercializa los jabones y  productos cosméticos que fabrica tanto en su propia tienda y en las de otros monasterios de la orden cisterciense como a través de la Red. 

Los beneficios que las monjas de Armenteira consiguen con la venta de sus jabones artesanales se suman a los de la hospedería y permiten el sostenimiento de la comunidad religiosa. Esta inició hace unos años la fabricación de jabones de glicerina y aceites vegetales -de manteca de karité, rosa mosqueta, lavanda, camelia, miel, limón o aloe vera- y recientemente ha incorporado a su oferta dos bálsamos labiales -uno de rosa mosqueta y otro de camelia- y aceites corporales: «Uno de camelia para la cara y el cabello, y otro de almendra dulce para cara y cuerpo».  

«Hay que estar al día»

El padre José Luis Santos es uno de los doce monjes que habitan entre los muros centenarios del monasterio de Oseira. «Hay que estar al día», dice tras reconocer que la venta a través de la web se ha convertido en un nicho más de negocio. «Sí, también se vende. Encargan e ingresan en la cuenta y se les envía el producto», explica. Es una vía interesante, sobre todo cuando durante el invierno bajan las visitas al monasterio. A través de Internet los monjes de Oseira venden los licores que hace tan solo unos años solo podían ofertar en su portería. Su producto estrella es, sin duda, el Eucaliptine, un licor de eucalipto que elabora uno de los monjes a partir de una receta que llegó al monasterio de Cea desde una abadía italiana en 1970. Hacen también licor café, licor de hierbas, chocolate y unas pastas que introdujeron hace una década y que son «invento de un monje de aquí», explica el padre Santos. 

El monasterio de Sobrado tiene una moderna fábrica para hacer su reconocido dulce de leche, un producto que vende no solo en su conserjería, sino en tiendas de Madrid y Barcelona y también a través de Internet. «Hoy en día es habitual, todos los monasterios tienen conexión a Internet. Vivir una vida religiosa no impide abrirse al exterior», opina el hermano Henrique desde la comunidad cisterciense. 

Los dulces son la especialidad de muchos monasterios, y su venta a través de la Red es también habitual. Valdeflores, las Salesas de Lugo o Ferreira de Pantón son algunas de las abadías cuyos productos pueden encontrarse y adquirirse en páginas web.

Reserva de habitaciones

A la hora de conseguir recursos económicos que les permitan sostenerse, muchos recintos religiosos han optado por dedicar parte de sus instalaciones a destino hotelero.  Y también en este campo varios monasterios aprovechan las ventajas de las nuevas tecnologías para promocionar su casi siempre privilegiado emplazamiento, para ofrecerse como alojamiento e incluso para facilitar a sus clientes la reserva de habitaciones. 

No es fácil abrirse camino en este ámbito -«la competencia es muy grande», dice la hermana Paula-, y por eso muchos conventos, además de abrir y mantener sus propias webs, han optado por participar en otros portales para tratar de este modo de llegar al mayor número posible de potenciales clientes. 

Claro que las gruesas paredes de los monasterios no han conseguido evitar la crisis. Esta se ha colado también en la vida de los monjes y, en muchos casos, ha hecho que sus ventas se resintiesen. «Hemos notado el impacto de la crisis, en el descenso de la venta de nuestros productos, como cualquier pequeño comerciante, y también en el aumento del precio de materias primas de calidad, que son con las que trabajamos», sostiene la hermana Paula desde Armenteira.

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