Un baño de realidad


Primero se intenta ocultar la realidad. Después, se niega. Y al final se culpa a terceros de lo que supuestamente no existe. Es lo que está haciendo Podemos con sus crisis. La estrategia de echar balones fuera, mal que les pese, no es nueva. Es un clásico en todos los partidos. Lo único original es el nombre que le han puesto: control de daños. Muy peliculero, pero tan falso como una película de ciencia-ficción. Las discrepancias son evidentes. Y sí, también son naturales. Tanto como en el resto de las formaciones políticas. Y, como todos, siempre se justifican inicialmente con el socorrido argumento del debate democrático. Hasta que el loado pluralismo degenera primero en soterradas rencillas y finalmente en abierto enfrentamiento. Nada nuevo. Les ha pasado a todos. Es lo que tiene salir del laboratorio y darse un baño de realidad. Es fácil unirse ante la adversidad y formar un frente común ante las injusticias de la vida. Lo complicado es tomar decisiones en el día a día y tener que elegir entre lo malo y lo menos malo. Cuando toca mancharse las manos es cuando se descubre que no hay espíritus puros. Y entonces el espejo refleja la cruda realidad. Que no es otra que una sucesión de crisis territoriales en un tiempo récord. Pero lo peor es que son fruto de personalismos y tics autoritarios dudosamente compatibles con la democracia.

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Un baño de realidad