La escasez de oportunidades expulsa de Galicia a los inmigrantes

Veinte mil extranjeros se han ido a otros países o han regresado a los suyos de origen en los últimos dos años

Los inmigrantes en Galicia Los inmigrantes en Galicia

Redacción / La Voz

La crisis demográfica de Galicia ha abierto un nuevo capítulo en los dos últimos años, con el desplome de la población de extranjeros por primera vez en el siglo XXI, una realidad que se suma a otros problemas demográficos, como el envejecimiento o la incesante salida de jóvenes gallegos hacia otros países, y que se da también en el resto de España.

Después de un ascenso constante desde el año 2000, la población inmigrante tocó techo en Galicia en el 2012, cuando las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE) registraban 112.183 extranjeros. Este dato ya bajó un poco en el 2013, aunque se mantuvo en casi 110.000 personas. A partir de ahí se produjo el verdadero batacazo: en el 2014 eran 98.245, y en el 2015, 90.641, según la cifra que acaba de publicar el INE en enero. La caída acumulada en los dos últimos años es de 19.321 personas (17,6 %).

¿Qué hay detrás de este desplome? Los expertos en demografía señalan varios factores. Rubén Lois, catedrático de Análise Xeográfica Rexional en la Universidade de Santiago, habla «dun retorno puro e duro aos países de orixe por falta de oportunidades», pero también de un proceso de «reemigración, parados de larga duración que teñen o certificado de residencia da UE e terminan por marcharse a Francia ou Alemaña».

Hay que considerar también a los que logran nacionalizarse y dejan de contar como extranjeros, «un proceso lento pero que hai cada ano». En el 2014 (último dato publicado) fueron 2.600. Pero la cifra es similar a la del 2012 (2.800) y, sin embargo, ese año hubo repunte de inmigrantes, y ahora no. Este factor es una constante que no explica el desplome. Lois introduce otro, «o endurecemento da política interior», que ha hecho que «moitos estranxeiros pululen polas cidades sen rexistrarse e non se atrevan a empadroarse por se os collen».

Aun sin cifras oficiales de simpapeles, las oenegés hacen estimaciones bastante precisas. En los últimos cinco años, Ecos do Sur anotó a 3.622 nuevos usuarios. De ellos, el 16,4 % no tenían permiso de trabajo ni de residencia al registrarse. Si extrapolamos ese porcentaje a las cifras del INE, el número de extranjeros estaría por encima de 105.000.

Mabel Pérez, secretaria de Muller, Igualdade e Cooperación en Comisiones Obreras, destaca la enorme caída de inmigrantes sudamericanos. Su presencia en Galicia se ha reducido casi a la mitad desde el 2010, pasando de 42.420 a los 25.629 actuales. «Hai un peso importante -dice- dos que retornaron nos últimos tempos a Ecuador, Colombia ou Brasil», países que tuvieron repuntes económicos. Pero para ella, la clave sigue estando en la falta de trabajo, «pola que marchan ata os galegos», y en grandes «dificultades para renovar a residencia». Advierte además de que «moitos dos suramericanos que marcharon recentemente tiñan entre 20 e 40 anos», con el lastre que su pérdida supone «para unha poboación con problemas demográficos tremendos».

La caída de latinoamericanos eleva la representatividad de la colonia rumana, apenas afectada por el desplome y que es hoy la primera de España. En Galicia hay casi 9.000, pero aquí son superados por 17.000 portugueses -el 70 %, en Ourense y Pontevedra-. Los lusos relegan a los rumanos al segundo puesto, excepto en Lugo, donde son primeros.

En cuanto a la tendencia para los próximos años, los expertos mantienen la previsión a la baja. Carlos Villar, consultor jurídico especializado en extranjería, constata que la concesión de tarjetas de residencia para España, que se solicitan en los países de origen, es «casi inexistente». Además, «las trabas» para conseguir la nacionalidad pasan ahora por un examen de conocimientos «muy complicado» para gente que en muchos casos es analfabeta, y por las escasas facilidades para realizar un examen que solo se puede hacer en Santiago y en exiguas convocatorias. Por no hablar de las tasas que hay que pagar para hacer el examen y por los documentos que se exigen para nacionalizarse. La suma, en algún caso, «se acerca a 700 euros».

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