Infantilismo


Se puede entender que los dos principales partidos discrepen entre sí. A fin de cuentas, son alternativa de Gobierno. Lo inaudito es que uno de sus líderes, presidente del Gobierno por más señas, escenifique la ruptura rehuyendo el protocolario saludo. Aunque ambos trataron posteriormente de quitarle hierro al asunto y reducirlo a la categoría de anécdota, es evidente que la voluntad de Rajoy es que se visualizara su profundo malestar con Sánchez. Un malestar que arranca del bronco debate electoral y de los plantones poselectorales. En todo caso, una actitud infantil que muestra lo mal que está gestionando el líder del PP el proceso posterior al 20D. Pensando que era suficiente con ser el partido más votado, pese a haber perdido un tercio de sus electores, se apalancó en el inmovilismo y cedió la iniciativa convencido de que Sánchez se ahogaría solo en un mar de apoyos contradictorios. Y puede que así sea. Pero en estos momentos parece más cerca de gobernar el candidato socialista que el líder popular. Una sensación que empieza a calar en el PP y a generar un gran nerviosismo en el partido. Eso explica la campaña del miedo, en la que a algunos dirigentes populares solo les ha faltado amenazar con las diez plagas bíblicas si gobiernan los socialistas. Pero esas estrategias están condenadas al fracaso, porque los españoles son personas adultas, no niños asustadizos.

No obstante, sí es cierto que Pedro Sánchez debe concretar ya sus propuestas, especificar sus costes y definir sus apoyos políticos. Porque no se puede abonar el nerviosismo general alargando los plazos ni se puede contentar permanentemente a tirios y troyanos.

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