Un conciliador discípulo de Beiras para un tiempo convulso

El inicio de su trayectoria dentro del nacionalismo se remonta a 1977, cuando entró en el colectivo estudiantil ERGA


santiago / la voz

Entre todos los aspectos que deberían ser considerados prioritarios por cualquier formación política, la transparencia sobre su funcionamiento interno merecería ocupar el primer puesto. Así tendría que ser y seguro que los cambios en el comportamiento electoral de los ciudadanos han alumbrado más de una reflexión al respecto. No tanto por que los nuevos partidos hayan superado opacidades de los tradicionales, tarea en la que tienen mucho por andar, como por la necesidad de transmitir mejor sus métodos de toma de decisiones. El BNG quiso dar ahí un paso adelante con la elección de Xavier Vence (Rodeiro, 1961) como portavoz. Procedente de la universidad (es catedrático en la USC y fue alumno de Beiras), su subida al púlpito nacionalista prolongó la apuesta por un perfil conciliador ya había ensayado con Guillerme Vázquez.

Si la etapa de su predecesor quedó sepultada por la eclosión de Amio y la hecatombe de las autonómicas del 2012, la de Vence se cierra sin que el BNG haya encontrado el antídoto a esas convulsiones. El inicio de su trayectoria dentro del nacionalismo se remonta a 1977, cuando entró en el colectivo estudiantil ERGA, del que llegó a ser responsable nacional. Afiliado a la CIG desde 1984, a partir de 1997 empezó a colaborar en la elaboración de los programas electorales del Bloque, aunque no se incorporó a su consello nacional hasta el 2012. Y en marzo del 2013 fue designado portavoz nacional, cargo que dejará dos semanas antes de cumplir tres años en el mismo. Yerno de otro referente del nacionalismo, el exparlamentario europeo Camilo Nogueira, la condición de Vence de discípulo de Beiras fue interpretada en su elección para dirigir el BNG como un intento de allanar el tránsito hacia una recomposición del nacionalismo que no llega. Y el sucesor que quiera explorar esa vía tampoco lo tendrá fácil. Las tentativas realizadas antes de las generales chocaron con cierta indiferencia de Anova y sus socios. Las dos partes se prestaron al juego de hacer ver que apuraban hasta el final un camino que sabían desde el principio que no llevaría a ningún sitio. Vence se va y el BNG quema otro ciclo sin dar con la llave que le permita volver a sintonizar con las inquietudes de una mayoría de los gallegos.

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Un conciliador discípulo de Beiras para un tiempo convulso