¿Alguien ha visto a Gumersinda?

Más de 50 mayores desaparecieron desde el 2013, 15 murieron y de 8 no se sabe nada

Mayores desaparecidos Mayores desaparecidos

REDACCIÓN / LA VOZ

El número de hogares con mayores de 65 años que viven solos en Galicia crece cada año, en torno a un 10 %. Hace doce meses, los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) cifraban en 121.500 el total de personas en esta situación. El envejecimiento de la población gallega y la desertización de las zonas rurales ha incrementado en los últimos años los operativos de búsqueda de personas mayores que se extravían y desaparecen. En algunos casos, la búsqueda no da sus frutos y nunca más se sabe de ellos. Gumersinda, Lilia o Matilde siguen en paradero desconocido.

En los últimos tres años se pusieron en marcha más de medio centenar de operativos de búsqueda en Galicia de vecinos mayores de 65 años, de los que el 70 % eran mujeres, y más de la mitad no sufrían una demencia o enfermedad. «Se desorientan y a veces los encuentras en sitios que ni te imaginas que puedan haber llegado hasta allí», explica Alejandro Barreiro, presidente de la Asociación de Perros de Salvamento de Galicia (Casaga), que participa en operativos de estas características.

La fortaleza de las personas mayores cuando se pierden, llegando a pasar días a la intemperie y sin comer, es determinante para que más de la mitad de los operativos puestos en marcha desde el 2013 hayan tenido un final feliz. En el 56 % de los casos las personas extraviadas fueron localizadas con vida, aunque en ocasiones con síntomas de hipotermia, fuerte desorientación y lesiones. Incluso ha habido mayores que han llegado a estar perdidos y durmiendo a la intemperie más de tres días.

Cuando se trata de personas que tienen alguna enfermedad como alzhéimer o párkinson, o cuando sufren alguna caída o accidente similar, la probabilidad de encontrarlas con vida se reduce, y en algunos casos ni se encuentran. En los últimos tres años, quince gallegos mayores de 65 años que se buscaban aparecieron muertos. Otros ocho casos aún están sin resolver.

Gumersinda Raña Raña, de 88 años, vecina de Avión (Ourense) y enferma de alzhéimer, salió a pasear a las cinco de la tarde del 23 de febrero del 2014 y fue vista por un vecino cerca de un gallinero. Quince minutos después vecinos y familiares empezaron a preocuparse porque no volvía a casa ni estaba por el pueblo. Se la buscó durante semanas, pero no la encontraron. Su foto está en la web de Sos Desaparecidos, una asociación que colabora en la difusión de personas desaparecidas. Tampoco se ha sabido nada más de Matilde González Cid, de 78 años, que el 30 de noviembre del 2012 salió de la residencia en la que vivía en el municipio de Parada de Sil.

Las batidas para encontrar este verano a Lilia Miguéns Iglesias, de 79 años, tampoco dieron resultado. Faltó de su casa en A Devesa, se la buscó durante tres días pero nada se encontró sobre su paradero.

Esta misma semana finalizaba la búsqueda de María Carballo Carballo, una vecina de O Barco de 80 años, que apareció muerta en un arroyo a solo unos metros de su casa.

En total, el año pasado en Galicia, Emerxencias 112 registró 615 peticiones de ayuda para encontrar a personas desaparecidas, de todas las edades, no solo mayores. En la provincia de A Coruña se pusieron en marcha 256 operativos; en Pontevedra, 220; en Lugo, 68; y en Ourense, 60.

Un estudio presentado en Bruselas hace un año y elaborado por profesionales de la sanidad gallega reveló que en zonas rurales de Galicia se denunciaron la desaparición de 126 personas mayores con demencia entre 1995 y 2012.

Cada año desde 1998 el número de gallegos con más de 75 creció en 7.140

El envejecimiento de la población de Galicia es un hecho tan irrefutable como condicionante de sus políticas, servicios y planificación. Hace 16 años los mayores de 75 representaban el 8,5 por ciento de la población. Hoy son ya el 12,6 del total. De los 2,7 millones de habitantes que forman el cuerpo residencial de Galicia 348.349 tienen 75 o más años, y en total son 648.045 las personas que superan la edad de jubilación, o lo que es lo mismo, prácticamente uno de cada cinco habitantes de la comunidad.

Un operativo de búsqueda en Valga.
Un operativo de búsqueda en Valga.

Con la vista puesta en la cúspide la pirámide poblacional, todas y cada una de las edades comprendidas entre los 76 años en adelante tienen hoy más integrantes que en el 2002. Hasta el número de centenarios ha pasado en ese tiempo de 942 a 1.281.

Pero aunque Galicia se uniformiza a gran velocidad en materia poblacional, con un gran envejecimiento de su padrón y un drástico recorte en la incorporación de nuevos vecinos tanto por la vía del nacimiento como de la inmigración, la realidad generacional sigue siendo dispar geográficamente. Terra de Caldelas, la comarca formada por Castro Caldelas, Montederramo, Parada de Sil y A Teixeira es en este momento el territorio más envejecido de toda Galicia. El 44,5 % de su población ha superado ya los 65 años. Las comarcas de Muros, Ortegal, Terra de Melide, Os Ancares, Chantada, A Fonsagrada, Meira, Quiroga, Sarria, Terra Chá, Terra de Lemos, A Ulloa, Allariz-Maceda, Baixa Limia, O Carballiño, A Limia, O Ribeiro, Terra de Celanova, Trives, Verín, Viana y A Paradanta es donde al menos un tercio de sus residentes ya han superado la edad activa, frente a Santiago y O Morrazo, las dos áreas donde los mayores de 65 años apenas representan el 18 % de sus poblaciones.

¿Y qué pasará en el futuro? Pues nada más que incrementarse en la comunidad el peso de los mayores sobre el conjunto de la sociedad gallega. Si en la actualidad las personas en edad de jubilación son en Galicia el 24 % del total, en el año 2051 ese porcentaje ascenderá al 41,5 % si se cumplen los más pesimistas augurios del Instituto Galego de Estatística y al 31 % si se logra suavizar el envejecimiento de la comunidad.

«Apórtalles tranquilidade saber que alguén vai pasar e ver se están ben»

Con algo más de 292 kilómetros cuadrados, A Veiga es el municipio con mayor superficie de la provincia ourensana. No llega a mil habitantes, repartidos en 29 pueblos que incluyen varios núcleos o concentraciones de casas distantes entre sí. La emigración, como en otras zonas del interior ourensano, ha hecho estragos y algunos de esos núcleos pasan la mayor parte del año con dos o tres casas abiertas. Un alto porcentaje son mayores -385 de los censados superan los 70 años, según el INE- y controlar sus necesidades y situación es un reto diario para los servicios sociales municipales, que luchan contra esta realidad demográfica y de aislamiento agravada por una red viaria muy básica y la ausencia de alternativas de transporte público. «A mobilidade é complexa para eles; hai pobos a 17 quilómetros da capitalidade, onde están a maioría dos servizos, e cando chega o inverno é habitual que a neve poña os accesos moi complicados durante días», explica la trabajadora social Alicia Villanueva. En esas circunstancias el concello moviliza vehículos de Protección Civil para acercar al personal del servicio. Mantener las visitas, cuentan, no solo es importante por la ayuda física que se presta, sino para combatir la sensación de soledad.

«Temos unha axuda a domicilio moi extensa e á marxe da que reciben as persoas que teñen recoñecida a dependencia ou incluso para completala. Trátase de mellorar a súa calidade de vida», matiza la técnico. Además de las tareas habituales, las auxiliares les recogen y llevan, por ejemplo, los medicamentos si no pueden desplazarse para retirarlos, o les acercan alguna compra. «En xeral o que máis valoran é saber que vai a ir unha persoa, e non so por falar con alguén, senón porque lles aporta tranquilidade o feito de saber que alguén vai pasar e ver se está ben». La mayoría tienen familia que, aunque viva lejos, está en contacto con los servicios sociales, pero también hay quien carece de esa red. «Houbo algún caso que vimos que era un risco que seguise vivindo só e, como carecía dese apoio familiar, o Concello xestionou que entrase na residencia», relatan.

«A socialización é básica, se non se fai, o risco é maior»

Teresa Castro Villaverde é médica no centro de saúde de Vimianzo.

-¿Hai moita xente maior que está soa?

-Si, e cada vez máis, sobre todo mulleres. E moitas desas persoas, con algún deterioro cognitivo. Ás veces plantéxaste que é o mellor para eles, se unha residencia ou seguir na casa. Nós temos que estar atentos. Por exemplo, se teñen unha cita programada e non acoden. Chamámolas. Porque, ademais, moita xente maior a forma de relacionarse socialmente é ir á consulta. E cóntanche as cousas que lle preocupan.

-Fala de relacións sociais.

-Si, a socialización é básica, se non se fai, o risco é maior. Unha das formas de retrasar a demencia é a relación cos demais. Se non se moven da casa nunha temporada, por exemplo porque non para de chover ou por unha enfermidade, se se illan, é máis fácil que se desorienten. Basándose, claro, en que esa demencia exista previamente.

-¿Vostede que lles recomenda?

-Que incentiven eses lazos. Que vaian a actividades, cursos, actos para maiores. Ter algo. É moi importante. Na fin de semana, por exemplo, elas xa van moito ás misas. Os homes, sobre todo, ao bar. A socialización no rural é moi saudable para que uns se fagan cargo ás veces doutros e se axuden.

«El nerviosismo y la ansiedad les impide pensar y saber actuar»

María Lueiro Mendoza es psicóloga en un centro de día de Santiago y vocal de la sección de intervención social del Colexio de Psicólogos de Galicia.

-Cada vez más personas mayores desaparecen o se extravían, y algunas de ellas no sufren una enfermedad. ¿Cuáles pueden ser las causas?

-La desorientación se puede producir por varios motivos, porque no se encuentran en su lugar habitual, por ejemplo cuando los trasladan a casa de un hijo o a una residencia. Es algo normal en cualquier persona mayor, no tienen por qué tener una demencia. Tienen pérdidas de memoria, de atención...

-¿Cómo actúan estas personas en el momento en el que se ven perdidas?

-A lo mejor hace tiempo que no salen o al menos no tan lejos, y se pierden. No reconocen el lugar porque no ven bien. No solo pierden facultades mentales sino también vista, oído... El nerviosismo y la ansiedad les impide pensar y actuar.

-Sin embargo, hay casos en los que son localizados vivos después de pasar situaciones muy duras.

-Son personas que han pasado por situaciones extremas en su juventud, pasando frío, hambre, y se ven rememorando esos episodios. Buscan el cobijo, zonas abrigadas.

-¿Cómo debe actuar la familia?

-Lo primero conservar la calma y hablar con las personas que lo solían ver. Yo les digo siempre que le pongan un teléfono en la chaqueta, para que si alguien lo encuentra se pueda poner en contacto con la familia.

«Un mayor que vive solo tarda más en ir a una residencia»

Antonio Taboada es director de la residencia Geriatros de A Coruña y coordinador del área coruñesa.

-¿La crisis ha provocado que haya más personas mayores viviendo solas?

-Hay muchos mayores que viven solos o con una red de apoyo pequeña. La situación económica se nota, y eso hace que cuando nos llegan casos a las residencias ya vengan con deterioros y problemas importantes. Se espera más que antes a la hora de llevar a un familiar de avanzada edad a una residencia. Y eso nos da menos margen de maniobra.

-En la zona rural es un problema más agravado.

-En el ámbito urbano, es más fácil localizar a una persona desorientada. Es más complejo en el rural. Las relaciones sociales son justas, o con núcleos muy cercanos. Así que muchos de estos problemas pasan desapercibidos.

-En las residencias, ¿se permite que los mayores salgan a pasear?

-Las residencias no son centro cerrados, son abiertos, y realmente si no hay ningún problema cognitivo, intentamos que esas personas continúen con su rutina y sus hábitos. Hay gente en el centro que sale a pasear.

-¿Tienen algún sistema para localizarlos?

-Hay sistemas de geolocalización, que sobre todo en el rural pueden ser muy útiles.

-¿Cómo se trabaja con una persona mayor para evitar esos episodios?

-Sobre todo hacer una valoración continua por parte de un equipo multidisciplinar.

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