«¡E pensar que a aldea estivo a punto de desaparecer!»

Hace casi 20 años, mientras media Galicia cambiaba el rural por las urbes, Manuel Martínez optó por invertir en Brea, con solo un vecino


Ni él ni su familia nacieron en lo que hoy es su paraíso particular. En la pequeña aldea de Brea, en el concello de Foz, vive Manuel Martínez, su compañera y sus dos hijas. Solo tienen un vecino, mayor. Son los únicos residentes de este recóndito lugar a ojos de los urbanitas que nacieron pensando que la electricidad y el teléfono venían de serie con la ciudad.

Manuel vive en Brea por elección personal. Mientras media Galicia abandonaba las aldeas para asentarse en las urbes, Manuel hizo el camino a la inversa. Hace ya casi dos décadas decidió comprar una bonita casa de piedra devorada entonces por la maleza, pero ubicada en un entorno natural donde manda el color verde y el silencio. «Cando chegamos as silvas cubrían todo o tellado. ¡E pensar que esta aldea estivo a punto de desaparecer!» A base de constancia, de muchas horas de trabajo y de esfuerzos económicos, Manuel y su familia lograron rehabilitar una vivienda y, pasados unos años, se hicieron con otra propiedad de la aldea.

Aunque son muchas las ventajas de vivir rodeado de naturaleza, la familia de Manuel no ha dejado estos años de invertir ahorros para lograr servicios básicos. Tienen agua de manantial. Y el teléfono llegó vía satélite. Sin subvención. «Non hai alcantarillado, pero tampouco o esiximos», reconoce el inquilino de Brea (Nois) que lleva años reclamando que se complete el alquitranado de la única carretera que comunica el núcleo en el que vive con la N-642, que vertebra la bautizada como ciudad lineal, que no es otra que A Mariña costera. El auge de la actividad forestal que se vivió en los últimos años por la demanda de eucalipto no mejoró la situación, ya que el tránsito de camiones causó desperfectos en el vial. Sus quejas y reivindicaciones no han tenido respuesta, a pesar de vivir en un núcleo del que existen referencias desde 1880. Otros adosados de urbanizaciones de reciente construcción, a solo unos kilómetros, han tenido más suerte.

Manuel sonríe cuando comenta las medidas que anuncian los políticos para tratar de fijar población en la zona rural gallega. Para él no ha habido apoyos públicos, a pesar de que su vida es una verdadera apuesta por la aldea. «Non estamos tan afastados, pero o coche é imprescindible, sobre todo polo cole, polo traballo...», confiesa.

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