El fuerte oleaje de las ciclogénesis explosivas desplaza playas gallegas

Una investigación de la USC realizada con drones permitió comprobar cómo el mar de fondo movió hace dos inviernos hasta 28 metros las playas de bloques

El efecto de los temporales en los coídos El efecto de los temporales en los coídos

Redacción / La Voz

¿Puede una playa moverse o desaparecer? Una investigación de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) revela cómo la influencia de los temporales de invierno puede afectar a la fisonomía de las playas y provocar su movilidad. El tren de ciclogénesis explosivas que sacudió duramente la costa gallega durante el invierno del 2013-2014 ha tenido consecuencias en el litoral, más allá de los destrozos en infraestructuras -paseos, pasarelas, diques...-.

El catedrático de Xeografía Física de la USC Augusto Pérez Alberti en colaboración con el profesor de la Universidad de Windsor (Canadá) Alan Trenhaile puso en marcha en el 2012 un proyecto de seguimiento de dos playas de bloques mediante el uso combinado de drones y fotogrametría. El estudio aporta los primeros resultados a nivel mundial acerca de un ecosistema singular en Galicia, los llamados coídos.

Según las conclusiones de la investigación, el fuerte oleaje que se registró hace dos inviernos, uno de los más crudos que se recuerda en los últimos cuarenta años, originó un movimiento extraordinario de los coídos. Se desplazó el doble de bloques y a mayor distancia, hasta alturas de la playa no alcanzadas otros años.

Un dron de Alemania

Para llegar hasta estos resultados, se empleó una novedosa técnica, el uso de un dron fabricado en Alemania que, con un vuelo anual, ha permitido imágenes de las playas en un alto grado de resolución. «El uso del dron aporta unos resultados totalmente novedosos, ya que permite conocer que el grado de movilidad de los coídos fue muy grande en el invierno del 2013-14», señala el investigador de la USC.

El estudio se llevó a cabo en dos playas gallegas de bloques, la de Oia, al sur de Cabo Silleiro, en la provincia de Pontevedra, y la de Laxe Brava, al norte de Corrubedo (Ribeira), en la provincia de A Coruña. Los vuelos a través del dron y la toma de datos se realizaron en tres fechas, julio del 2012, mayo del 2013 y abril del 2014.

Los investigadores de la USC comprobaron que en el invierno del 2013-14, en el que azotaron a la comunidad varias ciclogénesis explosivas, se produjo un elevado grado de movilidad en las playas, «que hay que ponerlo en relación a la intensidad del oleaje», que fue especialmente virulento y continuado. Es más, el 6 de enero del 2014 la boya de Cabo Vilán-Sisargas de Puertos del Estado anotó el récord de la ola más alta jamás registrada en España, de 27,81 metros de altura, de valle a cresta.

En cuanto al número de bloques que se movieron debido al fuerte oleaje, el estudio muestra que en Laxe Brava se desplazaron un 47 %, esto es, 2.972 bloques -el año anterior fueron el 17,5 %-; y en Oia, un 86 %, 2.991 bloques -un 53 % en 2012-.

Las conclusiones del estudio, que ya han sido publicadas en revistas científicas -en la Earth Surface Processes and Landforms, y en la española GeoTemas- atribuyen el diferente grado de movilidad a la intensidad del oleaje. «Durante el período 2012-2013 el número e intensidad de los temporales fue menor que en el período 2013-14», destacan los expertos de la USC.

No solo se desplazaron más cantos sino también aumentó la distancia. La investigación revela que en el invierno 12-13 el 90% de los bloques observados se movieron hasta 18 metros hacia tierra, sin embargo, con el tren de borrascas explosivas llegaron a desplazarse 28 metros desde el nivel inferior de la playa.

Los datos de este estudio indican con claridad cómo cuanto mayor es la intensidad de los temporales se produce más movilidad, «llegando a moverse en un año miles de bloques de gran tamaño, algunos de varias toneladas», explica Alberti. «En el 2012 por ejemplo, se trasladó de lugar el 17,5 por ciento de los clastos (fragmentos de rocas) de la playa Laxe Brava y cerca del 53 por ciento en la de Oia, mayor en este último caso por ser los cantos rodados más pequeños», apuntó.

La gestión del litoral

Los dos investigadores concluyen que son los temporales marinos y no a la existencia de tsunamis los causantes de la dinámica cambiante de dichos bloques, de manera que, a juicio de Pérez Alberti, es «fundamental» conocer ese dinamismo para la «planificación» y la «gestión» del litoral. El profesor de la USC denuncia, asimismo, que la «falta de atención» a las investigaciones sobre el litoral explica muchos de los «desastres» asociados a los temporales.

Dos Navidades sin fuertes borrascas

Galicia lleva dos Navidades sin la presencia de ciclogénesis explosivas, al menos, teniendo en cuenta la previsión meteorológica para esta semana. Tanto en las fiestas navideñas del 2014-15 como parece que en estas, a la espera de que se defina la predicción para la semana de Fin de Año, el tiempo ha estado marcado por las altas presiones, librándose Galicia de las potentes borrascas que en estas fechas vienen desde el Atlántico.

Sin embargo, la Navidad de hace dos años, la del 2013, marcó el inicio de un invierno que ha pasado a la historia meteorológica por el tren de ciclogénesis explosivas que afectó a la comunidad. Dirk, la primera de ellas, pasó durante la madrugada del 23 al 24 de diciembre, originando vientos de cerca de 200 kilómetros por hora en Carballeda de Valdeorras (Ourense) y dejando sin luz a miles de gallegos.

Dirk solo fue la primera de otras muchas durante ese invierno, aunque será especialmente recordada la ciclogénesis que llegó el día de Reyes, cuando se anotó la ola individual más alta jamás registrada en España. Fue en Cabo Vilán-Sisargas y midió 27,81 metros.

El invierno de 2013-14 acumuló cerca de una decena de alertas de nivel rojo por viento, olas y lluvias. Un invierno sin parangón desde el punto de vista meteorológico.

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