Franceses residentes en Galicia: «Hay que seguir viviendo»

Franceses residentes en Galicia dan su visión sobre los atentados y opinan sobre el futuro y la razón de que sus propios compatriotas sean responsables del horror


Redacción / La Voz

La madrugada del sábado fue una noche larga y difícil. Un poco más para los franceses que viven en Galicia, muchos de ellos dedicados a enseñar la lengua de Julio Verne. «Me avisó mi familia», recuerda Camille, una joven auxiliar de conversación instalada en Lugo desde septiembre. Su familia vive en la Bretaña, pero ella admite que los atentados le producen miedo. A Greg, un francés de 45 años que lleva 21 años residiendo en A Coruña, le producen «asco». Reconoce que ha vivido los atentados «desde lejos», porque se siente español, pero eso no le impide desarrollar sus opiniones sobre lo que pasa en Francia: «Es un círculo vicioso. Francia bombardea Siria, los yihadistas provocan atentados, Francia bombardea más, los terroristas vuelven a matar... Yo no estoy de acuerdo con la política de Francia y Estados Unidos, aunque eso no quiere decir que tenga la solución al problema».

Mónica tiene 45 años, diez de los cuales los pasó en Francia, donde se casó y tuvo a sus hijos. Ahora reside en Oleiros y da clases de francés: «Lo primero que hice fue intentar localizar a los míos para comprobar que estaban bien. Las redes sociales ayudaron mucho». Opina que los franceses no se dejarán derrotar: «Al menos la gente con la que yo hablo se sienten manipulados. Entienden que les quieren meter en una confrontación que no desean». Tanto ella como Greg hacen un matiz muy importante a la hora de valorar el conflicto en el que se halla Francia: «La mayor parte de las armas que manejan los yihadistas se las hemos vendido nosotros».

Integración, desintegración

¿Cómo es posible que sean ciudadanos franceses, nacidos y educados en el sistema los que han empuñado los rifles y las bombas? Los franceses consultados para este reportaje tienen opiniones divergentes. Thérèse, nacida en Francia de emigrantes españoles y actualmente residiendo en Ourense, no se lo explica: «Yo nunca me sentí una ciudadana de segunda. Me educaron en valores de tolerancia, vivíamos en un barrio donde había muchas nacionalidades y religiones. No entiendo como se pueden volver tan fanáticos».

Greg, sin embargo, cree que la integración no ha llegado a cuajar: «Los blancos no han integrado a los que llegaron de las colonias, así que son un caldo fácil para los movimientos terroristas». Mónica tiene una experiencia muy directa, ya que estuvo trabajando como educadora en centros de alfabetización para inmigrantes: «Yo tenía alumnos que admitían que eran franceses pero que los franceses no los trataban como iguales. Sin embargo he visto mucha más integración que desintegración».

Casi todos creen que la violencia yihadista seguirá: «Me gustaría decir que no, porque es una catástrofe. Nadie puede acostumbrarse a eso», expresa Camille. A Greg le preocupa la deriva racista que aprecia en sus viajes a Francia, dos al año, y cómo los descontentos de las políticas de los dos principales partidos, la derecha moderada y el socialismo, está derivando en un crecimiento de la ultraderecha del Frente Nacional.

En cualquier caso todos confían en que su país salga adelante: «No se puede vivir con miedo -dice Thérèse-. Estoy segura de que se van a levantar y van a luchar. Así fue como me educaron a mí». Camille tiene previsto viajar a casa en Navidad: «Me va a acompañar una amiga y habíamos planeado ir a París. Hemos hablado y no vamos a cambiar de planes. Hay que seguir viviendo, porque lo que pasó en París pudo haber ocurrido en cualquier otro sitio».

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