Elisa, Socorro y Sonia, aún sin respuesta

Las familias de las dos gallegas asesinadas y los allegados de la desaparecida exigen la misma dotación de medios para resolver esos crímenes que los exhibidos en el caso Denise


redacción / la voz

El primero de septiembre del 2013 Elisa Abruñedo, una vecina del lugar de Lavandeira en el concello de Cabanas, de 46 años, casada y con dos hijos, salió de su casa para dar uno de los largos paseos que solía completar las tardes de buen tiempo. Varias horas después, cuando solo le quedaban 400 metros para llegar a casa, alguien la asaltó, la violó y la acuchilló hasta matarla, abandonando su cuerpo muy cerca de la carretera. Más de dos años después, muy poco se sabe sobre la circunstancias de un crimen que permanece bajo secreto de sumario y no hay ninguna pista sobre el responsable. La investigación se ha dado tan mal que la Guardia Civil no quiere ni comentar el asunto.

Socorro Pérez tenía 43 años el 2 de mayo cuando salió a correr por la ribera del Miño en Ourense. No regresó a casa. Alguien la mató aplastándole la cabeza, probablemente con una piedra. Esto se supo 34 días después, tras largas e infructuosas búsquedas, cuando unos cazadores amigos de la familia encontraron sus restos cerca del seminario. Se guiaron por unos cuervos que acechaban los restos de Socorro, poco más que unos huesos ya. No se sabe si hubo agresión sexual, porque apenas pudo recuperarse tejido para su análisis. Lo que hasta el momento haya podido averiguar la policía de Ourense se desconoce. La investigación se lleva con hermetismo y el sumario es secreto.

«Es un caso muy difícil y el tiempo que el cadáver pasó desaparecido lo ha complicado mucho más», declaraba esta semana un portavoz de la policía, que no quiso aventurar ningún plazo con respecto a la investigación: «Son procesos muy lentos. Entendemos que para la familia el tiempo se hace eterno, pero policialmente, lo peor son las prisas».

«Xa verás como nunca máis aparece o corpo da miña filla». Estas palabras fueron pronunciadas por la madre de Sonia Iglesias dos días después de que se la viera por última vez en el casco urbano de la ciudad del Lérez. Y por el momento, sus palabras son hechos. Cinco años después de la desaparición de esta pontevedresa de 37 años no hay pistas ni indicios que vaticinen cuál puede ser el paradero de esta madre de un niño que ya ha cumplido doce años. Hace pocos meses se decretó el archivo provisional de la causa judicial.

La exhibición de efectivos policiales en Astorga a finales de la semana pasada, cuando se cerró la investigación del asesinato de la peregrina estadounidense ha causado un notable malestar en las familias. «Todas las víctimas me merecen el mayor respeto -declaraba ayer Jesús Pérez, portavoz de la familia de Socorro Pérez-. Pero se deben poner los mismos medios para resolver un crimen o localizar a una desaparecida, sea cual sea su carné de identidad. Y parece que el ministerio no mira a todas las víctimas de la misma manera».

De primera y de segunda

Raúl Fernández, cuñado de Elisa Abruñedo y portavoz de la familia, se expresaba en términos similares: «El señor Rajoy se ha colgado una medalla; ha querido quedar bien con los norteamericanos pero ha demostrado que hay ciudadanos de primera y otros de segunda. Y en Galicia están estos dos crímenes sin resolver y el cuerpo de Sonia Iglesias sin aparecer».

La resolución del caso Denise, lejos de llevar esperanza a las familias, ha causado indignación, ya que en ambos casos se quejan amargamente de la falta de medios empleados en la resolución de ambos casos. Sobre las posibles causas de los crímenes, aunque nadie lo admite claramente, la peor hipótesis es que ambas mujeres hubieran sido asesinadas de forma aleatoria; es decir, por alguien sin relación ni con las víctimas ni con el lugar donde se cometieron los crímenes: «Si el asesino es alguien de la zona, puede que lleguen a detenerlo; pero si era alguien que pasaba por allí, será casi imposible que eso ocurra», reflexiona Raúl Fernández, sobre la muerte de su cuñada.

Dos años han pasado desde el asesinato y hace uno que la Guardia Civil no les comunica novedad alguna: «No quiero valorar el trabajo de los profesionales, pero desde el primer momento me ha parecido que había varias lagunas en la investigación», señala Raúl Fernández.

Jesús Pérez, portavoz de la familia de Socorro Pérez, transmite también la inquietud de los afectados por la ausencia de resultados en la investigación: «De momento confiamos en los investigadores. Sería descorazonador pensar que no se llegara a localizar al autor del crimen. Lo veo imposible en estos tiempos. Lo que pedimos es que, si hacen falta más medios, que se pongan».

Sin embargo, en este caso, la investigación apenas dispone de pistas. La vida de Socorro era sencilla. No se le conocían muchas amistades y su entorno era bastante reducido. Y sus restos no ofrecieron ningún hilo del que tirar.

En el caso de Elisa Abruñedo, el asesino sí dejó pruebas. De hecho, existe un perfil de ADN muy claro. Pero no se ha logrado ninguna coincidencia con los sospechosos que la Guardia Civil ha manejado estos dos años. La investigación buscó entre el entorno familiar, en el pueblo, rastreó a un exconvicto por violación que pudo haber estado en la zona aquella tarde... Todo en vano. Nadie quiere admitir que la investigación esté parada, aunque lo más probable es que solo la aparición de nuevos hechos podría reactivarla.

Lo cierto es que ambos crímenes no resueltos se produjeron en circunstancias igualmente inquietantes, en las que se encuentran a diario miles de gallegos que salen de su casa para dar un paseo por carreteras y caminos más o menos transitados. En el lugar de origen de las dos mujeres, el impacto que han tenido sus muertes violentas ha provocado que esa costumbre de pasear se haya reducido al mínimo. En el caso de Cabanas, nadie sospechaba que la investigación iba a cumplir dos años sin conseguir resultados.

En este asunto, una de las complicaciones fue el asesinato de Asunta Basterra, ocurrido tres semanas después, que desplazó a Santiago a todo el equipo de investigadores, permitiendo que las pesquisas sobre el crimen de Elisa se enfriaran, tal vez definitivamente.

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