El eucalipto rebrota en el entorno de las Fragas do Eume

Tres años después del incendio que quemó 750 hectáreas de bosque, los robles y los castaños, sin embargo, no han vuelto a emerger


redacción / la voz

La carretera que discurre desde As Neves, núcleo principal del concello de A Capela, hasta el corazón de las Fragas do Eume avanza en paralelo a la zona cero del fuego que, en la primavera del 2012, quemó 750 hectáreas de bosque, 350 de alto valor ecológico. Salpicando un paisaje verde inundado de zarzas que se enroscan a los helechos hay troncos negros. Son los restos de la catástrofe que salpican los montes, como motas de polvo que se atisban a lo lejos.

En un pequeño bosque de castaños, ubicado junto a un pequeño riachuelo que hay al lado de la carretera, todavía se ven los troncos de los carballos marcados por el beso de las llamas. Los árboles lograron salvarse. No ha pasado lo mismo en otras partes de la ladera que baja hasta el cañón. Buena parte de los árboles quemados eran eucaliptos. No como en la ladera del otro lado del río, donde predomina el bosque autóctono. En la parte donde había eucaliptal las zarzas han tomado el monte y hay pequeños brotes que tratan de elevarse hacia lo alto.

No pasa lo mismo en otras zonas donde antes crecían los robles o los castaños. «O bosque autóctono non rebrotou aquí. Ou plantas, ou nada. Aí abaixo repoboaron porque lles deron unha axuda. Cando pare de chover vou plantar tamén unha zona». Habla uno de los vecinos de Teixido, una de las aldeas que quedó cercada por las llamas en el 2012 y que la Xunta instó a evacuar. No todos los hicieron. Hubo quien se quedó «para tornar do gando e protexer todo», como dice otro de los que no marchó. El fuego se originó precisamente un poco más arriba del pueblo. Luego el viento se encargó de arrastrarlo por el bosque.

Ninguno de los dos hombres quiere dar su identidad. Ambos están de acuerdo en que «de ternos deixado ir apagar aos de aquí cando prendeu o foco non houbera chegado o lume a onde chegou», apuntan. Y añaden: «Estaban aquí os do Seprona e comentamos que había que plantar lume en contra, que é como o paras, pero contestaron que había lume de abondo».

Incluso uno de ellos recuerda un incendio ocurrido hace varias décadas que lograron detener. «Daquela puidemos apagalo ben», dice.

El bosque trata de volver a ser lo que fue y la gente mantiene su interés por las Fragas, pero para los que viven ahí no es lo mismo. «A xente vén e incluso despois do lume veu moita, pero os que teñen por aí terreo non ven a cousa tan ben porque non hai o que había antes», cuentan en el pueblo.

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