A la caza del ciclista de montaña

Los aficionados a la bicicleta de Galicia encuentran en los montes trampas similares a la que provocó recientemente la muerte de un cántabro


Redacción / La Voz

El cable que acabó con la vida del jefe de Servicio de Estudios y Obras de Salamanca el mes pasado no es la última trampa colocada en el monte con la intención de ahuyentar o lastimar a los ciclistas que frecuentan estas rutas.

En Galicia se trata de una práctica habitual con la que lidian desde hace mucho tiempo los aficionados a la Mountain Bike. «Es algo que nos lleva pasando toda la vida» dice Eva Castro, corredora gallega de four-cross, descenso y enduro. Por eso mismo -nos cuenta- solo se denuncia cuando hay una lesión. Si el deportista logra ver a tiempo la trampa o el obstáculo, lo más frecuente es que se baje de la bicicleta y lo aparte para que los que vengan después no se hagan daño. Lo más habitual es encontrarse palos o piedras en el camino, algo que a menudo hacen los propietarios para disuadir a los ciclistas y a los conductores de motos y quads. La mayoría de los afectados coinciden en calificar estos actos de inconsciencia temeraria, algo que se hace sin mala intención pero que puede tener graves consecuencias para los ciclistas. Precisamente una piedra en el camino colocada justo después de una rampa en el monte de Alba fue lo que dejó en silla de ruedas a un vecino de Vigo el año pasado. Desde entonces desde la plataforma «Diego Somos Todos» no han parado de organizar actos para reclamar «un monte sin trampas»; el próximo será en septiembre: una ruta ciclista de montaña con fines reivindicativos.

Tanto ciclistas como policías locales y agentes medioambientales coinciden en que es un tema complicado de solucionar. Para los deportistas no es tan fácil distinguir qué zonas son privadas y los medios que algunos vecinos utilizan para señalizarlo son muy peligrosos para los ciclistas. A menudo se colocan cables con una tela llamativa anudada para indicar que el paso está prohibido o para evitar que el ganado se escape de una zona. Si se denunciara esto -dice Daniel Sánchez, oficial de la Policía Local de Arteixo- se derivaría inmediatamente en una sanción administrativa y en el caso de lesiones a un proceso por la vía penal. Hoy en día - insiste Sánchez- los smartphones permiten enviar fotografías con geolocalización, lo que facilita mucho la labor de los agentes.

En opinión de Manuel Vidal, agente medioambiental del Baixo Miño, las personas que colocan estas trampas tienen un perfil muy parecido al del pirómano, personas con trastornos psicológicos. «No creo que sean los comuneros -insiste- porque los ciclistas no hacen ningún daño al monte». Podría acercarse a este perfil el presunto autor de los obstáculos que dificultan el paso de los ciclistas en el monte Bastiagueiro (Oleiros). Rafa Hilario, organizador de varias rutas por la zona habla de un hombre que lleva haciendo esto varios años mientras pasea a su perro, aunque no cree que sea un vecino ni un comunero «porque siempre llega en coche», aclara.

Aumento de incidentes

En la zona del Barbanza también han aumentado estos incidentes en los últimos dos años -dice Breixo Ventoso, miembro de Rumble Bikes Ribeira-. Hablamos ya no de palos y piedras, sino de cables a la altura del cuerpo y de tubos con clavos como el que se encontró el pasado jueves un miembro del Club Ciclista Toxo.

Ventoso apunta como posible solución «una mesa redonda donde se sienten comuneros, ciclistas, propietarios y representantes municipales» para acordar un protocolo de consenso. Eva Castro dice que «parte de la culpa también la tenemos nosotros» y, aunque no justifica la colocación de trampas, reconoce que algunos ciclistas hacen un mal uso del monte y pueden provocar que los propietarios tomen estas medidas. «Si alguien que haga estas cosas está leyendo esto- dice Ventoso- me gustaría que pensase que nosotros también tenemos una familia y una vida».

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