Meira, un municipio rural que se resiste a la pérdida de población

La función de centro comarcal anima el concello, de vocación ganadera

Joan Alibés, un joven catalán asentado en Meira, con el rebaño de cabras y ovejas cuyos productos vende a través de la Red.
Joan Alibés, un joven catalán asentado en Meira, con el rebaño de cabras y ovejas cuyos productos vende a través de la Red.

Redacción / la voz

Los municipios rurales de Galicia pierden población. Pero hay excepciones. Si entendemos por municipios rurales, como hacen la ley española y la estadística europea, los de densidad de población inferior a los 100 habitantes por kilómetro cuadrado, crecen, por ejemplo, Boqueixón, Coirós, Moraña, Ordes, Outeiro de Rei o Pazos de Borbén, pero todos ellos están agregados a áreas metropolitanas o al eje atlántico, y eso supone factores exógenos de crecimiento.

Meira, en la montaña nororiental de Lugo, es un caso distinto. No es que crezca, pero desde los años setenta del siglo pasado se mantiene al borde los 2.000 habitantes, mientras su entorno se ha vaciado notoriamente.

Buena parte de la diferencia de Meira le viene de nacimiento. Su emplazamiento lo decidieron, en el siglo XII, los monjes cistercienses que fundaron el monasterio de Santa María, en una de cuyas alas está hoy la casa consistorial. Desde entonces el pueblo, asentado en la falda soleada de la sierra de Meira, ha venido ejerciendo la función de centro comarcal para los territorios circundantes, de orografía más complicada. Así que también hay un factor exógeno en la resistencia de Meira al despoblamiento, pero es de cercanías: allí se acoge parte de la población que marcha de los municipios vecinos.

Ese es el caso de Iago González, un joven de 21 años natural de Ribeira de Piquín que ha encontrado empleo en O Cazoleiro, uno de los establecimientos de turismo rural decanos de Galicia, inaugurado hace ya 25 años. «Yo lo que quiero -dice Iago- es ser guardia civil, pero como no hay convocatoria de plazas, dejé de prepararme temporalmente, busqué trabajo y lo encontré aquí». La casa está situada en un paraje ideal, entre prados y sotos de castaños, a un kilómetro del nacimiento del Miño. El propietario, Álvaro López, consigue salvar la estacionalidad ofreciendo todo el año buena cocina, paseos a caballo y la posibilidad de usar la piscina climatizada del establecimiento. «Ahora empieza la temporada alta -dice Iago-, pero durante todo el año viene gente de Lugo, de Ribadeo y de otras partes a banquetes y celebraciones, y otros a montar a caballo o a nadar».

Ventaja de ubicación

La ubicación del municipio es otra ventaja difícil de exportar a todas partes. Está a solo 30 kilómetros de Lugo, y el camino es recto y cómodo. «O secreto de Meira -dice Miguel García Vázquez- é que está perfectamente colocada. Estamos a un paso de Lugo, estamos a un paso da costa e estamos no medio de concellos que non teñen un núcleo urbano, digamos, entre comiñas, e en Meira non tes moito pero hai de todo».

Miguel podría dar el perfil diferencial del meirego: es librero y perito agrícola. En el ambiente se respira esa combinación de tradición ganadera bien apoyada técnicamente y de impulso cultural. La asociación M de Meira anima el pueblo con iniciativas como la Festa da Malla, que empieza a ser conocida en toda Galicia. Ahora tanto esta agrupación como otras fuerzas vivas unen esfuerzos para conseguir que el primer poeta de la comarca, Avelino Díaz, fallecido en Buenos Aires en 1971, sea protagonista del Día das Letras del 2017.

Hay, por tanto, huella de emigrantes. El Miño es uno de ellos, según el poeta. «Despois, no longo camiño / pol-a terra galicián, / es un meirego que marcha / camiño de Portugal», dice el poema grabado bajo el Pedregal de Irimia, de donde surge un regato que kilómetros abajo será el pai Miño. La cultura literaria es expresión de otra más amplia. El nivel educativo es elevado, y el municipio tiene una representación de jóvenes universitarios superior al promedio de Galicia.

Los niveles de rentas son proporcionales a los formativos. La renta per cápita, según datos del 2006, era la mayor de todos los municipios (16) de la montaña lucense. En el 2013, el rendimiento medio por IRPF fue de 11.241 euros, frente a las cifras entre los 6.500 y los 9.000 euros de los cuatro ayuntamientos circundantes.

Vega de Oro

Hay un hito en la historia económica del concello: Vega de Oro, la central lechera hoy extinta. Se fundó a principios de los setenta y «fixou moitísima poboación», afirma Miguel García Vázquez. «Arredor dela medraron moitas empresas, pequenos talleres, fondas, bares, restaurantes, ferreterías. Chegou a ter máis de cen traballadores directos, e acolleu unha chea de veciños que volvían da emigración».

Meira perdió su central, pero la vocación del concello sigue siendo ganadera, de vacuno de leche. Junto a algunas plantaciones de eucalipto predominan los prados. Las fincas son grandes para el promedio gallego, a pesar de que no se hizo aquí la concentración parcelaria intensiva que sufrieron, por ejemplo, las vecinas A Pastoriza y Pol. En Meira recaen los servicios que precisan esas explotaciones de mayor tamaño y, en general, todos los vecinos de la comarca. Y surgen nuevos proyectos que podrían dar salida al potencial agropecuario de la zona.

El pastoreo de cabras, compatible con la venta a través de Internet

¿Se puede vivir del campo? «Esperemos que sí. Por ahora no, pero esperemos que en un futuro podamos decir: vivimos del campo». Lo dice Ermitas Rodríguez, criada en A Coruña pero con vocación rural. Por eso se hizo ingeniera agrónoma. La misma titulación tiene su marido, Joan Alibés, de Barcelona, y los dos componentes del otro matrimonio con el que están asociados en Beealia, una firma dedicada a la cría de ganado caprino y ovino que vende sus productos a través de Internet. Ermitas y Joan están contribuyendo a rejuvenecer el censo de Meira: tienen dos niños y otro viene en camino.

¿Por qué Meira? «Fue una de esas casualidades de la vida», dice Ermitas. «A mi marido lo arrastré desde Cataluña. Queríamos montar algo y en el banco de tierras encontramos un terreno aquí al lado que se adaptaba a nuestro proyecto. Buscamos alojamiento y en Meira es fácil conseguir un piso para alquilar, que por esos pueblos de Dios no hay facilidades. Ya ves la cantidad de niños que hay. Tenemos guardería, cole, instituto, médico, urgencias, y eso es lo que hace que la gente se anime». Ellos ya se han animado. Su rebaño de unos 200 animales vive al aire libre, en una finca de cuatro hectáreas, y se alimenta exclusivamente de pasto, más algún complemento de grano. Joan confía en convertir en pastizal otras 13 hectáreas de monte y, más adelante, plantar trigo para el pienso de los cabritos. Si el rebaño crece, Meira crecerá con ellos.

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