«Gracias a vosotros estamos vivos»

Galicia es la cuarta comunidad en donaciones de sangre y llega al podio en la transfusión por aféresis, muy importante en pacientes con leucemia


redacción / la voz

Los gallegos son generosos. Concretamente los cuartos más generosos de España en materia de donación de sangre -solo superados por extremeños, castellanoleoneses y valencianos-. Cada día diez unidades móviles del Centro de Transfusión de Sangre recorren las principales arterias gallegas en busca de la colaboración de los ciudadanos. La doctora Minia Castiñeira, responsable de una de estas unidades, comenta que pasan entre 30 y 35 personas por su autobús al día y, aunque «hay diferencias notables por provincias, la solidaridad de los gallegos enorgullece a todo el personal sanitario».

3.000 urgencias al día

Cada día, los hospitales gallegos atienden una media de 3.000 urgencias, realizan unas 500 intervenciones quirúrgicas y tres trasplantes de órganos o tejidos. Francisco Javier Fernández (Narón, 1972) y Milagros Lourido (A Coruña, 1955) han sido dos de los beneficiados de este gesto altruista. En el caso de Francisco, una complicación médica causada por la ingesta de medicamentos le llevó a necesitar dos litros de sangre tras perder el conocimiento en su casa. Fernández anima a participar en este tipo de campañas a todos los ciudadanos porque «para una persona sana, donar sangre no tiene ningún coste ni riesgo. Y hay que tener en cuenta que una intervención que a priori puede parecer rutinaria, si no se puede llevar a cabo la transfusión por falta de reservas, es probable que termine en tragedia». Francisco lamenta que en la actualidad no tiene permitido donar porque tiene anemia, «pero lo haré en cuanto pueda» afirma seguro.

Milagros Lourido recibieron una transfusión de sangre en el 2013.
Milagros Lourido recibieron una transfusión de sangre en el 2013.

En esta misma situación se encuentra Milagros. Esta coruñesa tuvo que lidiar contra un cáncer de colon en el 2013 del que continúa recuperándose. A finales de ese mismo año, sufrió una fuerte hemorragia por la que tuvo que ser ingresada de urgencia en el Chuac. Milagros se emociona al recordar que «gracias a ellos -los voluntarios- estoy viva y, desde el momento en el que esté recuperada y haya recibido el alta definitiva, me haré donante de órganos, de sangre... de todo. Una vez sufres una desgracia como la mía, no puedes dejar de querer ayudar».

El factor de la familiaridad, comentan tanto la doctora Castiñeira como los dos receptores de transfusiones, es el de mayor relevancia a la hora de que uno se decante por donar. «Mucha gente que nunca se había planteado esta opción, viene y nos cuenta la experiencia de un familiar que en un momento puntual necesitó una transfusión de sangre», comenta Minia. Milagros reconoce que en su familia sucede algo similar: «Desde que me diagnosticaron la enfermedad, mi familia se concienció de un modo extraordinario con esta causa. Tendemos a ser egoístas, decimos ?que pena? cuando vemos a alguien enfermo, pero solo empatizamos realmente cuando lo sufre alguien cercano».

María Dolores García es una excepción dentro de la regla que plantea Milagros: desde hace más de veinte años es donante activa. «Lo hago una vez al año como muestra de solidaridad con la sociedad. En mi familia, por suerte, nadie ha tenido que recibir una transfusión, pero no creo que sea necesario encontrarse en esa tesitura para querer tener un gesto bonito con el resto».

Los requisitos

La doctora y Dolores ya se conocían de ocasiones anteriores. «¿No has comido nada desde hace dos horas, verdad?» Dolores, acostumbrada ya a los trámites de la donación, realizó, enseguida, un gesto de negación. «Es importante que se cumplan los requisitos que pedimos antes de acudir a donar», comenta la doctora. La tasa de exclusión de interesados en participar en estas campañas ronda el 10 % y suelen ser personas que han estado en países extranjeros, con riesgo de malaria o paludismo, en los últimos seis meses o voluntarios que tienen los niveles de hemoglobina bajos.

A pesar de estos contratiempos, Galicia lleva quince años consecutivos consiguiendo la tasa de donaciones recomendada por la Organización Mundial de la Salud -entre 40 y 60 por cada mil habitantes- y es la primera comunidad en España en donaciones por aféresis -separación de los componentes de la sangre-, un procedimiento que puede salvar la vida de enfermos de leucemia o de pacientes sometidos a cirugía cardiovascular.

Aun así, en Galicia se necesitan cada año 125.000 donaciones de sangre y, el pasado año, la cifra no superó los 111.000.

A y 0 positivo, los más demandados

Las reservas de grupos sanguíneos Cero positivo y A positivo siguen bajas en Galicia, mientras que las del Cero negativo y A negativo están en niveles normales, según informa el Centro de Transfusión de Galicia (CTG). Sin embargo, la doctora Minia Castiñeira asegura que «siempre se utilizan todos los grupos, así que es importante que ningún grupo deje de acudir a donar». Castiñeira recuerda que no hay que esperar a que sucedan catástrofes para donar: «Recuerdo las colas que hubo en Galicia para donar la noche del accidente de Angrois, ¡cuánta solidaridad!, pero a muchos tuvimos que decirles que volvieran más adelante porque su sangre haría más falta los días posteriores». «Lo importante es conseguir que la donación sea un hábito», afirma rotunda.

Los gallegos de entre 43 y 65 años representan la mitad del total de las donaciones

No siempre es fácil tener un gesto altruista con la sociedad. Así lo afirma la responsable de una de las unidades móviles de transfusión de sangre de Galicia, Minia Castiñeira, al comentar que muchos gallegos tienen un acceso complicado tanto a los hospitales como a los autobuses que recorren la comunidad. «Hay una diferencia importante entre provincias. De cada cuatro personas que donan sangre en A Coruña, lo hace una en Lugo. Pero, en muchas situaciones no es porque no deseen colaborar, sino porque les es realmente difícil acudir a centros como el Lucus Augusti, -a las afueras de la ciudad-».

Padrón (A Coruña) fue el municipio donde, el pasado año, se registró la tasa más alta de donaciones en la comunidad gallega, llegando a alcanzar las 102 por cada 1.000 habitantes. En las tres provincias restantes, los concellos que más donaciones acumularon fueron A Guarda en Pontevedra (87), Pobra de Trives en Ourense (73) y Meira, en la provincia de Lugo con 53.

En cuanto a la diferencia existente entre edades, la doctora asegura que se debe a que los jóvenes no son donantes activos: «Nos esforzamos por crear esa conciencia social en esta franja de edad, pero actúan más por impulso. Si ven el autobús en la universidad, se animan a donar; pero buscamos que mantengan esa actitud en el tiempo».

Para Castiñeira, también marcó un antes y un después el servicio militar obligatorio -que dejó de serlo en el 2001-, ya que todos los hombres de los cuarteles eran llamados a donar sangre. Aunque esto podría haber supuesto una brecha porcentual entre hombres y mujeres a la hora de donar, los varones tan solo superan en diez puntos a las mujeres.

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