Fallece una joven de 24 años en un accidente en Ourense

El cuerpo quedó atrapado en el vehículo, que se empotró en el acceso a una vivienda tras salirse de la N-540 en Vilamarín

El coche quedó completamente destrozado tras el impacto.
El coche quedó completamente destrozado tras el impacto.

ourense / la voz

Los vecinos de Vilavidal, en el municipio de Ramirás, y los de San Lorenzo, en Gomesende, se despertaron ayer conmocionados por la noticia del fallecimiento en accidente de Elena Gago Silva, de 24 años de edad. La joven, que residía en la primera localidad y trabajaba como camarera en un bar de la segunda, era madre de una niña de cinco años. El accidente ocurrió poco antes de las siete de la mañana, cuando circulaba por la N-540 en dirección a Ourense y, por causas que se desconocen, perdió el control del vehículo que conducía a la altura del kilómetro 75,300, en el lugar de A Pena, del municipio de Vilamarín. El coche, un Citroën Xsara de color negro, quedó completamente destrozado y encajado en la entrada del jardín de una vivienda, después de chocar contra una señal y romper la barandilla que separa la acera del recinto de la casa.

Aunque el 061 envió una ambulancia medicalizada, no se consiguió salvar su vida y falleció en el mismo lugar del accidente. El fuerte impacto, que dejó el vehículo prácticamente destrozado, hizo necesaria la intervención de un equipo de los bomberos de Ourense para excarcelar el cuerpo.

Elena se trasladó a Ramirás cuando encontró allí empleo en la hostelería y había alquilado una casa en la que vivía con su hija. El pasado mes de septiembre empezó a trabajar en otro establecimiento, un bar de la localidad vecina de San Lorenzo de Gomesende. Allí debería de haberse incorporado a su turno en la tarde del domingo. «Durante a semana facía turno de mañá, e os fins de semana, de tarde», señalaba el propietario del establecimiento que afirma desconocer si, como apuntaban algunas fuentes, aprovechaba los sábados para trabajar en algún otro local de hostelería y sufrió el accidente cuando estaba de regreso hacia su casa.

«Era unha boa persoa que desgraciadamente non tivo moita sorte na vida; pero no traballo sempre cumpriu e era moi puntual. Non tiñamos ningunha queixa dela», relataba el dueño del bar de Gomesende, Andrés Deaño, que se mostraba especialmente apenado por la pérdida que tendría que afrontar su hija.

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