«Si ella quiere, yo preferiría que nos enterrasen el mismo día»

Socorro y Concepción, las gemelas centenarias de Melide, tienen una afinidad pasmosa y guardan intacto el recuerdo de toda una vida juntas


melide / la voz

Con Socorro y Concepción el tiempo vuela. Emociona. Y delata que entre los hermanos que nacen el mismo día hay una unión especial, asombrosa. Las gemelas centenarias de Melide, que han recibido el sincero homenaje de siete generaciones de su familia esta semana, son buenas conversadoras. Se hacen querer. «Si ella quiere, preferiría que nos enterrasen el mismo día. Si no quiere, que se quede ella. Nos gustaría morir juntas, por molestar menos», dicen.

Concepción sentencia más de dos horas de tertulia que conmueven el ánimo. Y por qué no decirlo, arrancan también alguna que otra risa. Comentan sus sobrinas Pilar y Lila desde la casa familiar, que albergó una de las primeras fondas que se abrieron en la localidad coruñesa, que a pesar de que en carácter son dos gotas de agua, Concepción es la más simpática. Y es Socorro la que dice que «somos tan poca cosa porque lo que le correspondía a una, lo repartieron en dos».

Y las dos tienen una memoria privilegiada. «Los guardo todos», afirma Concepción hablando de recuerdos. Comparten, con todo lujo de detalles, mil y una anécdotas de sus antepasados. Su abuelo Andrés, con el que empezó a creer un árbol genealógico del que ya brotó la séptima rama, era de O Carballiño, «de El Reino», precisan para más señas. Es un núcleo del concello ourensano. Y la abuela Mercedes, -«qué bien se adaptó a Galicia», dicen- de Valladolid, «donde mamá -Aurora de nombre- estuvo 7 años». Su marido Marcial, «papá», maestro de profesión, entregó, sin quitar rédito, parte de las noches a enseñar a leer y a escribir a los lugareños de O Barreiro, la parroquia de Melide donde hizo escuela «cuando no había luz eléctrica».

Y no se queda ahí la cosa. Conocen por sus nombres a cada uno de sus sobrinos. Y son legión. Y las adoran. El sábado pasado, en la reunión familiar que, en contra de las voluntad de ellas, hubo con motivo del cien cumpleaños, se reunieron ochenta. «Se lo merecen, siempre tienen una sonrisa, la casa abierta», afirma una de las sobrinas. Y se puede dar fe de la hospitalidad de Concepción y Socorro, que gobernaron la pensión familiar hasta los años 70. «Los viajantes todos paraban aquí», cuentan. Y, entre la clientela que también tenían, pero de descanso, estaban los abuelos del que fue presidente de la Xunta Fernando González Laxe. Cuando la fonda cerró, las gemelas centenarias de Melide se dedicaron a confeccionar prendas por encargo.

Su sobrina Pilar habla de una vida «de trabajo y de trabajo» cuando se le pregunta cuál puede ser la clave de la longevidad de Socorro y Concepción. Aunque matiza que «no hay secreto». Comen de todo, en poca cantidad y, desde hace un par de años, los pimientos rojos no faltan ni un solo día en la mesa. Tampoco el aceite de oliva. Como nunca faltó la paz. «Jamás recuerdo una discusión entre ellas», comenta una de las sobrinas. Y mucho menos el cariño. «Están pendientes todos, no saben qué hacernos». Hablan de la atención que les prestan sus sobrinos, que montaron «tanta cosa», dicen, por el emotivo aniversario del sábado.

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