Gasolina electoral


Quizás por dejarlo correr o por no querer despertar al dragón de Ourense (que por ahora calla y, por lo tanto otorga) Feijoo ha decidido dejar en manos de los vecinos de Cualedro (concello de la provincia de Ourense con 1.808 habitantes, en esencia un exconcello si se hubieran aplicado las fusiones que nunca se aplicaron) la decisión sobre el futuro de su alcalde. Luciano Rivero, que presuntamente vivía bien fuera de los focos, saltó al primer plano de la actualidad no por su gestión al frente del ayuntamiento, ni por su trabajo como diputado provincial. Le pasó lo que le pasa a muchos políticos en este país, que salen del anonimato cuando obran no todo lo bien que se le supone a un político, profesión por cierto de la que una vez entran, no quieren salir, quizás por un síndrome de Estocolmo mal diagnosticado, pues siempre nos recuerdan que pierden dinero por dedicar todo su tiempo y su esfuerzo al prójimo; será por eso que ahora nos encontramos, en círculos y mareas, a más políticos vocacionales que nunca... Rivero vendió de forma ilegal, según el informe del secretario de la Diputación, gasolina por valor de 186.000 euros de su estación de servicio al parque móvil del organismo provincial. La consecuencia de sus acciones le han valido perder el puesto de diputado provincial, pero retiene la alcaldía y, salvo sorpresa de última hora, será de nuevo candidato. Como a Feijoo y, sobre todo, a Baltar parece que ni les va ni les viene esta patata caliente, será el 24-M cuando los ciudadanos podrán decidir con su voto si perdonan esa pequeña travesura. Lo cual es una nueva, e inquietante, modalidad de democracia participativa.

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