¿Somos como somos o como dicen que somos?


Somos producto, en cada momento, de nuestra circunstancia. Coincidiendo con la preocupación por la situación socioeconómica desde lo que nos es más cercano hasta el entorno transnacional, se cita, como reflejo de la crisis, el gran número de viviendas vacías. Tanto si es en prensa escrita, como tema de programas de periodismo «de investigación» en televisión o dentro de las propuestas políticas, abundan los datos. Más llamativos los más cercanos, basados en múltiples fuentes (entre ellas, señaladamente, las estadísticas de proyectos y obras del COAG). ¿Es Galicia asimilable al resto del Estado? Un país con la natalidad más baja del mundo, ergo con el mayor envejecimiento poblacional, con el mayor porcentaje de emigrantes de España, con origen de la mayor parte de su población (en 2ª o 3ª generación) en un rural disperso -todos, o casi todos, tenemos aldea-, con la mitad de los núcleos de población del Estado en el 10% del territorio ¿puede tener las mismas variables de análisis que otras partes del Estado? 

Pensemos no sobre el  sinnúmero de viviendas sin ocupar sino sobre cuándo se construyeron: solo un pequeño (menos del 25%) porcentaje son producto de la «burbuja» inmobiliaria. ¿A qué puede deberse que tantas viviendas sin ocupar no sean producto de los últimos 15 años? Estadísticas publicadas en el 2011 señalaban que el porcentaje de vivienda vacía no se había incrementado significativamente desde 2000. Existe un 15% de viviendas vacías casi estructural en nuestro país. ¿Son viviendas vacías las viviendas abandonadas en el rural? (un estudio de la anterior Consellería de Vivenda, hoy IGVS, y la ETS de Arquitectura de A Coruña cifraba nuestro parque de vivienda abandonada como el mayor de Europa) ¿lo son las que los emigrantes mantienen en el lugar al que esperan volver? ¿lo serán los hogares en los que es cada vez menor el número de jóvenes que el de mayores? Hay claves como para estudiar nuestro caso gallego con otros parámetros; sería un error considerar, como muchas veces parece sugerirse, que se puede solucionar simplemente legislando, desde políticas no participativas, excluyendo a la sociedad civil y las organizaciones que la articulan y le dan cuerpo (como el Colexio de Arquitectos ha venido siendo desde su formación).

Por Antonio Maroño Decano del Colexio de Arquitectos

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