«El primer año fue duro, recorríamos 200 kilómetros todas las semanas para ir a terapia»


Sabe bien lo que es tener en la familia a alguien con anorexia. Su hija la tuvo. Tardó en recuperarse, pero ahora está bien. «La verdad es que ella puso de su parte para hacerlo. La clave -dice Antonio, nombre supuesto- está en que el médico de cabecera esté preparado».

Su odisea comenzó hace unos años. «Nuestra hija practicaba deporte y fue su entrenador el que nos comentó que estuviéramos alerta», recuerda. En un primer momento no prestaron mucha atención hasta que un mes después observaron la pérdida de peso y la llevaron al médico de cabecera. «La pesó y no le dio mucha importancia», añade. En los meses posteriores su hija tuvo que viajar fuera por diferentes motivos. Tardaron unos dos o tres meses en verla. Fue entonces cuando se alarmaron. Contactaron con Abac en A Coruña y vieron que realmente tenía anorexia. «El médico nos pidió perdón», recuerda.

En Galicia hay una unidad para el tratamiento de la Anorexia nerviosa en el hospital de Conxo en Santiago, a donde son derivados casos con alto riesgo de toda la comunidad, y el comedor terapéutico que tiene Abac en A Coruña. «Nos decantamos por el segundo. Elegimos muy bien pienso», dice. La recuperación fue lenta y dura. «El primer año es el más duro. Fue complicado porque recorríamos 200 kilómetros todas las semanas para ir a terapia. Tardaron cuatro años y medio en que le dieran el alta», recuerda. Pero ahora, después del duro trago, está aliviado. Porque ella está bien.

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«El primer año fue duro, recorríamos 200 kilómetros todas las semanas para ir a terapia»