«Nun espazo de dous metros imos sete persoas coas maletas»

Denuncian que la falta de plazas en los trenes también se da en los buses

La estación de Santiago (en una imagen de archivo) es uno de los puntos más conflictivos.
La estación de Santiago (en una imagen de archivo) es uno de los puntos más conflictivos.

«Hai que andar rápidos, porque cando baixa xente podes coller sitio antes de que suba a outra». Los testimonios de los universitarios dejan ver que viajar en tren los viernes y los domingos se ha convertido en una auténtica yincana para poder conseguir un asiento, sino en un ejercicio de tetris. Porque todos reconocen que los fines de semana el «amoreamento» en los convoyes que cubren en trayecto en el eje atlántico es la tónica habitual, y además «nun espazo de dous metros por dous metros chegamos a ir sete persoas coas maletas», explica Claudia, estudiante de Filosofía de la Universidade de Santiago que suele coger el tren a Vigo los viernes. Concretamente el de las 13.15 horas. Pagar el billete le ha dado derecho a sentarse sobre su maleta en un trayecto que tiene una duración de una hora y media. Aunque ha aprendido que «en Vilagarcía soe quedar sitio» y «hai que andar espelidos».

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Estudiantes hacinados en el tren hacia A Coruña Los domingos los jóvenes viajan sin asiento por la saturación del servicio

Lo mismo le ocurre a Helga. Ella no es estudiante pero suele viajar en esos días problemáticos. El hacinamiento al que se han visto sometidos los viajeros llegó a provocar en una ocasión que una chica se desmayase entre vagones y fuese imposible moverla. «Al final conseguimos abrir la puerta del baño y ponerla allí para que le diese un poco el aire».

Helga coge el tren en el apeadero de Padrón «y allí no puedes comprar billete, así que te subes y pagas cuando pasa el revisor. Y tienes que pagar el mismo precio» aun teniendo claro, por experiencia, que habrá que viajar de pie, o sentado en el suelo, hasta al menos Santiago. «Ahí la gente baja y ya vas preparado antes de que suban para coger sitio».

Si los trenes van hasta los topes con gente de pie en los pasillos y sentada entre vagones, en los autobuses también hay problemas los fines de semana. Lo explica Mariño Fernández, estudiante de Filoloxía Clásica natural de Carnota. No es la primera vez que ante la cantidad de usuarios, ha tenido que fletarse un autobús adicional. «Igual saes media hora tarde porque hai que agardar a que veña o outro autobús». Y el retrasarse en la salida no significa una rebaja en el precio de diez euros de ida y otros diez de vuelta que tiene que abonar en un fin de semana que se vaya a casa. «É moi caro e ademais tardas o dobre de tempo que indo en coche», aclara.

Coincide en opinión Brais Fortes, oriundo de Ourense que hace la carrera en Vigo. Se queja de que la conexión ferroviaria entre ambas ciudades es muy escasa porque «hai algún á mañá pero ou colles o das 14.30 ou un tren hotel, que o billete pode valer 30 euros». Así que hay que coger el autobús. También se ha encontrado con que había que esperar al bus escoba para hacer el viaje el fin de semana. «Deberían facer unha previsión de que as fins de semana hai máis xente» y reforzar el servicio.

Sin asideros y a 160 por hora

También se pronunció ayer el sector ferroviario del sindicato CGT-Galicia, que contradijo el argumento de Renfe que comparaba estos trenes con los de los servicios de cercanías o los buses urbanos. «Un servizo ferroviario que circula en moitos treitos a 160 quilómetros por hora, que carece de asas ou barras onde a xente que vai de pé poida agarrarse e onde as maletas van nos corredores e plataformas por falla de espazo» no puede compararse con otro «que nin circula a esa velocidade nin carece de asas nin os viaxeiros levan o mesmo tipo de equipaxe», bultos que «poden ocasionar situacións de alto risco» en el caso de una parada de emergencia.

El sindicato también denuncia que no hay canales de coordinación entre el ADIF y Renfe «dende a separación do 2005» y es por eso por lo que los aumentos puntuales de demanda «non son detectados polo operador» para actuar en consecuencia.

Y va más allá. Según CGT, que Renfe evite poner trenes con doble composición se debe a los cánones por uso de la infraestructura, que pueden incluso doblarse.

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