Nadie quiere el muerto del Gaiás

La Xunta naufraga en su intento de descargar en empresas privadas la construcción de los dos edificios de la Ciudad de la Cultura que canceló

En el Gaiás hay cuatro edificios en funcionamiento y, entre ellos, dos solares que iban a ocupar los inmuebles cancelados.
En el Gaiás hay cuatro edificios en funcionamiento y, entre ellos, dos solares que iban a ocupar los inmuebles cancelados.

Santiago / La Voz

Es como uno de esos cadáveres que no reclaman en la morgue y al final van a dar a cualquier fosa común. Nadie quiere el muerto del Gaiás. La Xunta acaba de naufragar en su intento de colocar al capital privado la construcción de los dos edificios de la Ciudad de la Cultura cuya ejecución con fondos públicos la Administración Feijoo canceló definitivamente el año pasado. El barco, de nuevo a puerto de salida. Y, de momento, sin ruta.

En cumplimiento de una resolución parlamentaria apoyada por todos los diputados de O Hórreo excepto los del PSOE, que se abstuvieron en la votación, el Gobierno autónomo decidió poner fin a mediados de febrero del 2014 a una historia de 13 años de bandazos conceptuales, laxitud, vacuidad y alegría presupuestaria sobre un monte a las afueras de Santiago. Entonces, el Ejecutivo aprobó rescindir contratos que el Gabinete Fraga, encontrándose ya en funciones en julio del 2005, había rubricado con OHL, Acciona y Copasa para el levantamiento de los últimos inmuebles del Gaiás: una especie de enorme ópera y un centro de arte internacional cuya materialización y equipamiento hubiesen elevado la factura final del proyecto de Peter Eisenman, redondeando, desde los 300 ya gastados hasta los 450 millones.

Producto de una negociación secreta iniciada diez meses atrás, las tres compañías citadas renunciaron en aquel momento al llamado beneficio industrial, o sea, a reclamar al erario una indemnización de aproximadamente cinco millones. Como contrapartida, se garantizaron sobre el par de solares ociosos una opción de derecho de superficie. El pacto consistía en que las empresas podrían realizar en los terrenos sin destino, siempre con fondos propios, edificios o simples infraestructuras techadas «coherentes con el entorno», para luego explotarlas a su riesgo y ventura por un período de hasta 35 años.

Pero aquel acuerdo contaba con fecha de caducidad. Las potenciales beneficiarias de la concesión de las parcelas debían concretar con la Xunta sus planes para el recinto antes del 1 de enero del 2015. Y eso, según un portavoz del Ejecutivo, no ha ocurrido. Finalizado el plazo marcado, ninguna de las tres sociedades ha presentado a la Administración una idea desarrollable, de modo que la estrategia diseñada por Feijoo y su equipo para desembarazarse del Gaiás de una vez por todas ha entrado en vía muerta.

¿Y qué piensa hacer ahora el Gobierno para salir del atolladero? ¿Nada, tapar los agujeros existentes a modo de plaza, convertirlos en un lago, habilitar un parque, ofrecérselos a otras constructoras en condiciones similares a las desechadas por OHL, Acciona y Copasa..? Hasta la fecha, para todas esas incógnitas no hay respuesta alguna.

En San Caetano, cuentan, aún le están dando vueltas al asunto. «Se analizarán diferentes posibilidades -se limita a explicar una fuente autorizada- desde los mismos criterios con los que se tomó la decisión de rescindir los contratos: buscar el mínimo gasto para las arcas públicas». La solución, próximamente.

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