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Que tome nota cuanto hostelero convierte su establecimiento en un lugar insoportable para sus vecinos. La sección 5ª de la Audiencia Provincial de Pontevedra ha condenado al propietario de un bar a dos años de cárcel, y demás penas accesorias, por tener la música de su establecimiento a un nivel de decibelios intolerable para la estabilidad psíquica de determinados inquilinos del inmueble. Tras destacar que no es de recibo que una denuncia presentada en 2007 sea resuelta ocho años más tarde, lo que es claro exponente de cómo funciona la Justicia en nuestro país, manifestar que la ley, en concreto el Código Penal en sus artículos 325 y siguientes, penaliza con especial dureza que los regentes de establecimientos de ocio nocturno alteren el imprescindible descanso a que toda persona tiene derecho. Muchos son los ciudadanos de bien, de esos que se levantan a las siete de la mañana para atender a sus diarias obligaciones, que aguantan estoicamente, noche tras noche, la insufrible música que determinados mercaderes del amanecer hacen sonar, importándoles más bien poco la salud de sus conciudadanos. Que no lo soporten ni una sola noche más. Y aunque sea descorazonador el hecho que su denuncia esté condenada a dormir el sueño de los justos una buena temporada, al final, tarde, mal y a rastro, se hará Justicia, que por ser lenta en exceso, pierde buena parte de su condición de justa. Por no escribir acerca de algún que otro desaprensivo hostelero, excepciones claro está, que al amparo de la noche vende alcohol a menores. Eso lo dejo para otro día.

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