Salvar a tiempo la comunidad


Para salvar Galicia necesitamos un gran consenso que se traduzca en una Ley de Impulso Demográfico (Lidega) que sirva para reclamar una ley análoga española. Si nosotros que estamos peor no damos el primer paso, ¿cómo exigiremos un esfuerzo al resto del Estado? Porque España también es infecunda, pero conserva ciertas palancas incentivadoras y no solo parcialmente compensatorias. Medidas como la renta per cápita fiscal, la evaluación de impacto demográfico, los desincentivos a la infecundidad de los más afortunados, la creación de un alto comisionado parlamentario o la acción afirmativa a favor de las madres deben entrar en esas leyes, entre otras muchas medidas. Si no, solo los tontos y los kamikazes seguirán teniendo hijos.

Luchamos contra el tiempo. Si continuamos generando un único niño gallego por pareja nos iremos demediando y mustiando. Nuestras casas y tierras se depreciarán sin freno. Condenaremos a nuestros escasos niños a cargar con más de dos ancianos y, por último, seremos irrelevantes. Vivimos en la tierra del hijo único y sin primos. Aquí, no en China, la fraternidad es algo abstracto. Nos gustaría ser Dinamarca en lo demográfico. Ignoramos la realidad danesa. Miren en YouTube Do it for Denmark. Hablemos del faino por Galicia como la panadería Pallares de Sarria. O como el Museo do Pobo Galego, modélica institución civil que recopiló estudios, opiniones y remedios en el libro Galicia: un pobo con futuro?, editado por Xerais. Necesitamos resultados. Ahora. Perder tiempo es una drôle de guerre, prolegómeno de la derrota total.

Manuel Blanco Desar es economista y experto en demografía.

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