Los concellos con menos de 2.000 vecinos pasan de 22 a 106 en 33 años

La sangría demográfica de Galicia se traduce en que un tercio de los municipios se incluyen en la categoría de «infrapoblados»


santiago / la voz

Eran 13 en 1950, 22 en 1981, 65 en 1996, 75 en el 2002, 90 en el 2007... Y ahora ya suman 106. En una progresión tan galopante como peligrosa para el futuro de la comunidad, los ayuntamientos gallegos con menos de dos mil habitantes prácticamente se han quintuplicado a lo largo de los últimos 33 años. No en vano, en lo que constituye un récord histórico, ya representan algo más de un tercio de los totales: el 33,8 %.

Difundidas anteayer, las cifras oficiales de población aprobadas el 5 de diciembre por el Consejo de Ministros suponen un nuevo mazazo para los anhelos de dinamización demográfica de la Administración Feijoo. De acuerdo con dichos números, en A Coruña 13 municipios no rebasan los 1.999 empadronados, en Lugo 26, en Ourense 62 y en Pontevedra 5. O sea, en la primera de esas cuatro provincias el 14 % de los concellos tienen censos de mínimos; en la segunda, el 38,8 %; en la tercera, el 67,4 %; y, finalmente, en el cuarta, el 8,1 %.

Tasas de natalidad pírricas y, mayormente, el abandono del medio rural en favor del urbano han provocado que en un cuarto de siglo algunas localidades hayan sufrido procesos de auténtica desertización humana. Así, por ejemplo, en la ourensana A Teixeira residen actualmente 5,2 veces menos personas que a finales de los ochenta, apenas 391. No muy lejos de allí, en Chandrexa de Queixa, el volumen de lugareños se desplomó un 58,6 % en el mismo período de tiempo. Y en Beade, también en el feudo de los Baltar, viven hoy 464, cuando en el 86 hacían lo propio casi el triple (1.230). Os Blancos, Calvos de Randín, Montederramo, Porqueira y Ribas de Sil completan, entre otros, una extensísima lista de muestras sintomáticas.

Pese al gradual deterioro de la situación aquí, Galicia no lidera el ránking español de regiones con ayuntamientos de dudosa sostenibilidad. Al contrario, su ratio de municipios con menos de dos mil almas se sitúa a gran distancia de la media: el 33,8 % frente al 71,8 %. De hecho, hasta 13 autonomías arrastran peores guarismos, un saco en el que caben Castilla y León (94,3 %), Aragón (91,8 %), La Rioja (87,9 %) Castilla-La Mancha (79,5 %), Navarra (77,6 %), Extremadura (74,7 %), Cataluña (62,9 %), el País Vasco (58,2 %), Valencia (56,1 %), Cantabria (54,9 %), Asturias (46,1 %), Andalucía (41,1 %) y Madrid (38 %).

Se trata de un problema de estructura que el Ejecutivo central, lamentan los expertos, eludió afrontar decididamente con su reforma local, aprobada en diciembre del 2013. Contra el criterio de instituciones como la Xunta, Rajoy declinó entonces aprovechar el cambio de ley para forzar fusiones entre localidades con pocos vecinos. Algo que el Gobierno Feijoo tampoco ha logrado en la comunidad. A pesar de que el propio presidente reconoce que en sus dominios conviven «demasiados» concellos, su Gabinete ha fracasado en el intento de fomentar una ola de uniones entre ellos. Lo retomará en el verano del 2015, promete.

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