«Cantas pedriñas mirei hoxe, cantas, e non está en ningunha»

La dolorosa espera de los familiares de antonio y santiago en el faro de Corrubedo


Ribeira / La Voz

A nada que uno esté parado junto al faro de Corrubedo unos minutos, aunque sea en verano, acabará teniendo frío. Porque es un lugar tan bonito como gélido, donde el mar bravo no deja de romper nunca. Por eso lo normal es llegar cosido de ropa al sitio. Algunos familiares de los desaparecidos en el naufragio, sin embargo, incluso se desprendían ayer de sus abrigos. Y ni les hacían demasiada falta las bebidas calientes que salían de la tienda de avituallamiento de Cruz Roja. «Non temos nin frío nin calor, chegas a non sentir nada, só estás pendente do que pase», decía una persona cercana a los desaparecidos. Y no le faltaba razón para hablar así.

A media mañana, una mujer muy próxima al marinero Antonio Hermo, la familiar que lo acogió en su casa cuando se quedó huérfano -tuvo una infancia marcada por el fallecimiento de sus padres- se quitó también su cazadora y se puso a recorrer las rocas. Su hermana, a lo lejos, la veía en peligro. Y decía: «Ela necesita buscar, necesita baixar e buscar». Estuvo minutos y más minutos saltando de piedra en piedra. Y regresó a la zona del faro de Corrubedo desconsolada: «Cantas pedriñas mirei hoxe, cantas, e non está en ningunha», se le oyó decir entre lágrimas. Otros familiares, mientras tanto, bajaban la mirada e intentaban conjugar el verbo esperar. Al mediodía, se les acercaron varios sacerdotes. Entre ellos estaba Julián Barrio, Arzobispo de Santiago. Dijo que quería acompañarles en su espera. Y que haría «lo único que puedo hacer por los desaparecidos: rezar».

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«Cantas pedriñas mirei hoxe, cantas, e non está en ningunha»