El cadáver del patrón del barco de Boiro apareció a 13,5 kilómetros del pecio

El cuerpo estaba flotando, por lo que se cree que Germán Fernández no murió ahogado

El cuerpo de Germán llegó al puerto de Ribeira en una embarcación de la Guardia Civil. Apareció cerca de la isla de Sálvora.
El cuerpo de Germán llegó al puerto de Ribeira en una embarcación de la Guardia Civil. Apareció cerca de la isla de Sálvora.

Ribeira / La Voz

Las horas transcurridas desde que, el martes por la tarde, se empezó a buscar al Paquito Nº Dos de Boiro, el barco mejillonero desaparecido cuando hacía una travesía para llevar cría de mejillón desde Cabo de Cruz (Boiro) a Muros, hasta que ayer apareció el cuerpo de uno de los tres tripulantes que iban a bordo se hicieron eternas. Parece que en el medio pasaron días enteros. Pero, en realidad, no se consumieron ni 24 horas. Ayer, a las cuatro y cinco de la tarde, un helicóptero de la Guardia Civil avistó el cadáver de Germán Fernández Triñanes, el veterano hombre de mar que iba de patrón en la embarcación. Estaba flotando, de lo que se deduce que no pereció ahogado, ya que entonces su cuerpo habría ido directamente al fondo. Permanecía en una zona próxima a la isla de Sálvora, a 13,5 kilómetros -7,5 millas- de distancia hacia al sur del lugar donde solo media ahora antes se había localizado el pecio del buque siniestrado.

El hallazgo del cadáver de Germán se produjo tras una mañana gélida en Corrubedo, la zona cero de la búsqueda a raíz de los primeros hallazgos de restos del barco solo unas horas después de desaparecer. Nada más romper el día, un amplísimo dispositivo por mar, tierra y aire empezó a peinar todo el entorno. A los profesionales de Salvamento Marítimo, la Xunta y la Guardia Civil se sumaron miembros de Protección Civil y grupos de emergencias municipales, Policía Nacional y Local por tierra. Amén de numerosos voluntarios a flote o a pie. La primera noticia del día tuvo lugar a media mañana. El bateeiro Redemar localizó, en una zona llamada As Teiláns, próxima al faro de Corrubedo, un cabo que podía ser del barco siniestrado. Efectivamente, lo era. Y dio la clave para luego dar con la nave.

La tolva pudo irse por la borda

Desde que apareció esa pista, la atención se centró en la llegada de los buzos de la Guardia Civil y Salvamento, llamados a hacer inmersiones para ver si se encontraba el barco y a sus tripulantes en el interior. La espera se convirtió entonces en desesperación. «Tiñan que baixar xa, vai vir a noite», eran los lamentos que se oían junto al faro de Corrubedo, donde se juntaron tantas personas y coches que hubo que cortar el acceso. En la primera inmersión, los submarinistas dieron con el rizón -el cabo que llegó a la superficie venía de ahí-, la tolva -una máquina grande y típica de los barcos bateeiros, donde se almacena mejillón- y una buena cantidad de bivalvo. Cabe recordar que el barco iba cargado de molusco de las bateas. Tuvieron que bajar otras dos parejas de submarinistas luego y, en la segunda inmersión, sí se localizó ya el pecio, a unos 200 metros de distancia. Estaba adrizado (en su posición natural) y asentado en un fondo arenoso, con las puertas del puente abiertas y sin ningún tripulante dentro. Aunque se trata de hipótesis, al no estar en las rocas ni volcado cobra fuerza el golpe de mar como causa del naufragio. De hecho, puede ser que la tolva se fuese por la borda y dejase tocada la nave, que se hundió.

Pasó poco tiempo entre que se encontró el pecio y saltó otra noticia. Había un cadáver cerca de Sálvora, cosa rara porque la isla está al sur de Corrubedo y las corrientes suelen llevar hacia el norte. Pero, sí, era el de Germán.

La última inmersión concluyó pasadas las 18.00 horas y el resultado fue el peor para las familias de los desaparecidos: no había cuerpos. El rastreo seguirá hoy por superficie.

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