El pescadero que acabó pescado

El conocido delincuente, huido durante años, cayó esta semana en Caldas de Reis con un paquete de 286 gramos de heroína escondido en un tobillo


Cee / La Voz

José Calvo Andrade, O Martiño de Vimianzo, duerme ya en un ambiente que no le es ajeno, el de los barrotes de la prisión, en este caso la de máxima seguridad de A Lama en Pontevedra.

Según los datos ofrecidos por la Policía Nacional habría vuelto a las andadas, si que en algún momento las abandonó, porque gracias a un chivatazo y a un complicado dispositivo de seguimiento, ya que experiencia en el sector tiene y mucha, lo interceptaron en Caldas de Reis con un paquete de 268 gramos de heroína en el tobillo: droga que presumiblemente iba a traerse para la capital de Soneira, desde donde durante años ha dirigido sus actividades delictivas que le habrían llevado también a varios países de Sudamérica.

Sus inicios fueron bien distintos, porque este vimiancés que ahora tiene 64 años se ganaba la vida transportando pescado en una furgoneta, sobre todo los erizos que se recogían en Camelle y que él llevaba hasta los bares asturianos donde tenían más salida. No se sabe exactamente cuándo cambió las escamas azuladas de los peces por las blancas de la cocaína, pero hay indicios de sus actividades delictivas que datan de hace dos decenios.

La más sonada fue el desembarco frustrado del pesquero White Sands, interceptado en diciembre del 2004 con 3.106 kilos de cocaína a bordo y por la que fue detenido junto a otras 23 personas, entre ellas marineros barbanzanos, arousanos y algunos procedentes de Guinea, además de una docena de supuestos socios colombianos que proporcionaban la mercancía. Aquella operación le supuso además el dudoso honor de convertirse en uno de los mayores deudores de la Hacienda pública de toda España, a la altura del expresidente italiano Silvio Berlusconi, ya que la multa impuesta en el juicio en el que fue declarado culpable ascendía a 749.545.000 euros, unos 124.000 millones de las antiguas pesetas. Evidentemente nunca pagó tal cantidad de dinero, establecida así como un múltiplo del valor de la droga.

Tampoco cumplió entonces los nueve años y un día de cárcel a los que fue condenado, ya que, después de pasar un tiempo en prisión, se le perdió la pista, probablemente con un destino entre Brasil y Colombia, al que puso fin de manera voluntaria el 4 de noviembre del 2009 cuando se entregó voluntariamente en el juzgado.

Sin embargo, aquella peripecia desmontada a 800 millas de Canarias ya no fue el primer encontronazo de O Martiño con la ley. El 5 de junio de 1998 la Guardia Civil lo detuvo en casa junto a su hijo José Calvo Pérez, porque los agentes, en el curso de la investigación del asesinato del presunto narco Cores Caldelas, les encontró 200 gramos de cocaína, 11 millones de pesetas y dos armas.

Negocio

El conocimiento público de él y de su hijo, aparte de por estos asuntos relacionados con la droga, le viene sobre todo porque regentaban el club de alterne El Paso, en Ogas (Vimianzo), conocido popularmente como las Torres Gemelas y en el que también se desencadenaron algunos asuntos turbios. Uno de los más sonados fue el descubrimiento de una menor ferrolana que supuestamente ejercía allí la prostitución incitada por los propietarios del local, de ahí que Calvo y su vástago fueran detenidos junto a otro socio, un camarero y la novia de este.

Seis años después y en el mismo establecimiento, Calvo Pérez, el pequeño de la familia, volvió a ser apresado porque una mujer de 31 años y nacionalidad brasileña lo acusó de propinarle una paliza y arrojarla desnuda a la calle.

Desde entonces no se tenían noticias relevantes de ellos.

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