«Mi gaita no pita en Galicia»

El grupo de música tradicional Acibreira lleva 22 años a flote sin apenas actuar en la comunidad, merced a los cuarenta conciertos que cada año ofrece fuera


santiago / la voz

Forman un sexteto en el que hay gaiteirazos como Pablo Pascual o un reputado profesor y compositor como Roberto Sala, quien ha enseñado a cientos de gallegos a tocar la gaita y la requinta. Y aún así, en Galicia no logran comerse un rosco. Donde realmente triunfa Acibreira, así se hacen llamar, es en Melilla, Andorra, Ibiza o engatusando a la gente con los acordes de la Muiñeira de Freixido por las calles de Puebla de Montalbán (Toledo), en el festival de la Celestina. Este grupo de música tradicional gallega es puro material de exportación, I+D+i de nuestra alma. En su tierra casi nadie les conoce, lo que no impide que lleven 22 años sobreviviendo del tirón que el folk galaico tiene fuera y de las cuarenta actuaciones que contratan cada temporada más allá del Padornelo.

«Claro que nos gustaría ser más conocidos en casa, que todo fuera de otra forma, pero lo cierto es que mi gaita no pita en Galicia», comenta sarcástico Manuel Amigo, topógrafo de profesión y a la vez gaiteiro, quien apunta que ha sido «la vida» la que les fue poniendo siempre las oportunidades de trabajo fuera. Bueno, la vida y las dos productoras con las que trabajan: la madrileña Musical Sport y la barcelonesa Pegasus.

La historia de Acibreira arranca en 1992, cuando nació como un cuarteto de música tradicional, muy ligado al bum del Xacobeo. Un año después hicieron toda la ruta jacobea, entre Roncesvalles y Santiago, deteniéndose a tocar en las fiestas medievales organizadas en cada pueblo para promocionar el Camino. Con el tiempo, el cuarteto hizo mudanzas, removió integrantes, incorporó instrumental como la zanfona o la flauta barroca, que después abandonaron para evitar problemas de afinación. Hasta el Pelegrín se murió en esa travesía, pero ellos decidieron resistir facturando en el destierro.

Hijos adoptivos

Hay una comarca andaluza en la que los músicos de Acibreira son venerados como hijos adoptivos. Es donde se produce uno de los mejores jamones de la Península, la serranía de Huelva, en pueblos como Jabugo, Aroche o Cortegana. En este último llegó a producirse una revuelta popular para obligar al ayuntamientos a contratarlos en sus fiestas, toda vez que la banda gallega había decidido cortar por lo sano con una relación que duraba ya una década porque la municipalidad le adeudaba un actuación.

No solo acabaron siendo resarcidos y «adoptados», como dice Manuel Amigo, sino que Acibreira fue elegida por la mancomunidad de municipios de la serranía de Huelva para representarlos con su música, la gallega, en la próxima edición de la Feria Internacional de Turismo, Fitur, que tendrán lugar a finales de enero en Madrid.

La verdadera temporada de actuaciones del grupo arranca a finales de abril y se prolonga hasta octubre. Casi todos los fines de semana cuelgan el cartel de completo, pues, aparte de Acibreira, sus músicos participan en otros proyectos quizás sí más conocidos en Galicia, como son Marful, Cempés o A Banda das Crechas.

Este invierno, Acibreira tiene previsto encerrarse para grabar e intentar ser algo más profetas en una tierra que nunca les dio la espalda de todo, pues destacan que su concierto nunca falta en la feria medieval de Betanzos, por mucho que pueda ser más conocidos en Zalamea la Real o la sierra de Aracena.

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