El PP recompensa a Ángel Currás con la dirección de Tragsa en Galicia

Renunciará a su acta de concejal en Santiago para ocupar el cargo que dejó César Aja, exalcalde de Viveiro, destinado en la embajada en Bulgaria


santiago / la voz

Ángel Currás Fernández, exregidor doblemente imputado y todavía concejal de Santiago, ya tiene destino para dejar su cargo en el Ayuntamiento compostelano y liberar a su sucesor en la alcaldía, Agustín Hernández, de su incómoda presencia en el equipo de gobierno. Después de mantener un soterrado pulso con Hernández en busca de una «compensación» por la renuncia a sus responsabilidades en el pazo de Raxoi, el PPdeG le ha encontrado a Currás un retiro dorado como delegado en Galicia del grupo Tragsa, un cargo poco visible y con una nómina mucho más abultada que la que tenía como alcalde (77.282 euros, incluyendo trienios), que ya era la más elevada entre los regidores gallegos.

Han pasado 108 días desde que Ángel Currás le cedió a Agustín Hernández el bastón de mando. El nuevo alcalde desembarcó desde la Consellería de Medio Ambiente a las órdenes de Alberto Núñez Feijoo y con la urgencia extrema de normalizar un Concello que no levantó cabeza desde que se conoció la imputación, por fraude fiscal, del alcalde elegido en las urnas en el 2011, Gerardo Conde Roa, quien tuvo que dimitir en abril del 2012 e impuso a Currás como sucesor. De escándalo en escándalo, el golpe definitivo llegó en junio pasado con la condena de inhabilitación de siete concejales del gobierno por aprobar el pago del abogado de otro de sus compañeros, Adrián Varela, imputado en el caso Pokémon. Ángel Currás y la que era su primera teniente de alcalde, Reyes Leis, que se libraron de la inhabilitación por estar ausentes de la junta de gobierno que incurrió en prevaricación, son hasta ahora los únicos supervivientes del equipo con el que Conde Roa puso fin en mayo del 2011 a cinco lustros de ejecutivos socialistas o bipartitos en Compostela.

El acta de la mayoría absoluta

Tras cambiar radicalmente la cara del equipo de gobierno con solo un concejal de la lista electoral -Marta González, diputada en el Congreso, que cerraba con él la candidatura- y siete no electos, Agustín Hernández esperaba que la renuncia de su antecesor se produjera sin más demora que la necesaria para el traspaso de poderes, a sabiendas de que la pretendida normalidad no sería total mientras Currás, imputado por tráfico de influencias en el caso Pokémon y por prevaricación y acoso moral en el del policía local José Antonio Carril, siguiera en el gobierno. Mientras tanto, le dio el mando del área de Relacións Institucionais, vacía de contenido y con despacho apartado del pazo de Raxoi, en la sede del Teatro Principal. En la práctica, el exalcalde ha estado distante del resto del equipo de gobierno a la espera de que el PP le buscara un destino de su agrado, porque no deseaba volver a su cátedra de Biología en el instituto compostelano Xelmírez I. A su favor tenía su convencimiento de merecer una recompensa por los servicios prestados y, sobre todo, la titularidad del acta de concejal, de la que depende la mayoría absoluta del PP (13 de 25 escaños).

La marcha de César Aja

Ángel Currás hizo saber que la gerencia del Consorcio de Santiago era de su gusto, pero Hernández no quería darle la dirección de un organismo estrella. Este cargo sigue vacante después de que María Antón fuese llamada por el nuevo líder como edila no electa y hasta ahora compatibiliza ambos. También sonó como destino de Currás una consejería en una embajada del Magreb.

Curiosamente, la diplomacia ha abierto a Currás las puertas del goloso cargo directivo en Tragsa. César Aja Mariño, el exregidor de Viveiro (PP) lo dejó vacante el pasado verano para ocupar la consejería de cultura de la embajada en Bulgaria.

En el grupo empresarial integrado en la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (Sepi), los trabajadores desconocían ayer quién sería su nuevo jefe en Galicia. De lo que sí están seguros es de lo lucrativo del cargo. «Directivos como los delegados territoriales cobran mucho más que Feijoo y Rajoy, superan los cien mil euros al año», aseguraron fuentes sindicales de Tragsa.

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