Una inspección de la Xunta a Fundefo en el 2012 se topó sin alumnos, profesores, aulas ni sillas

En las facturas figuraban hasta 3.000 euros por alquilar un ordenador 20 días


Mavilga, empresa a nombre de la esposa de Gerardo Crespo, le pasaba unas facturas a Fundefo, receptora de subvenciones para la inserción laboral, que no eran cualquier cosa. Con el fin de justificar la subvención recibida, esta fundación sin ánimo de lucro contrataba a Mavilga, como a otras empresas del grupo de Crespo, hasta el alquiler de las sillas para los cursos, según la policía. Echando un vistazo a esas facturas (tomo XVI del sumario), uno se encuentra con que pagaban hasta 3.000 euros por alquilar un ordenador 20 días. O sillas. O la compra de hasta 120 cartuchos de tóner de impresora durante un mes, capricho por el que la empresa de Crespo facturaba miles de euros. O que le cobraba la limpieza de las instalaciones cuando en realidad compartían sede. ¿Por qué la policía sospecha que todos esos recibos son falsos? Porque, entre otras cosas, lo dice en un informe la propia Xunta. En una inspección realizada en febrero del 2012 por un curso que debería estar realizándose, los funcionarios se encontraron sin alumnos, sin profesores, sin aulas... Nada de nada. La respuesta que se llevaron es que uno estaba de vacaciones, otro de baja... Ese informe sirvió para revocar la ayuda. Y también para que no le diesen nunca más subvenciones. Ahí empezó el final del éxito de Crespo. Que coincidió con el inicio de la investigación judicial. Y que también coincidió cuando los políticos dejaron de cogerle el teléfono. Tanto es así, que hace dos meses este emprendedor coruñés presentó concurso de acreedores.

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Una inspección de la Xunta a Fundefo en el 2012 se topó sin alumnos, profesores, aulas ni sillas