El gran negocio de los cursos fantasma

La Xunta daba a una fundación del empresario coruñés Gerardo Crespo 1.200 euros por cada parado que colocara y este los contrataba dos días y los echaba


a coruña / la voz

Allá donde había una subvención, allí estaban ellos, «la organización», que es como bautizó uno de los implicados a este grupo de empresarios coruñeses, encabezados por Gerardo Crespo, que un día barruntaron vivir a cuerpo de rey de las ayudas para la inserción de parados y minusválidos. Es lo que piensa la policía y también la titular del Juzgado de Instrucción número 6 de A Coruña, que han empleado miles de horas en estos últimos dos años y medio para desmantelar un «chiringuito de subvenciones» que hasta ahora tiene como imputadas a siete personas como supuestas autoras de delitos de fraude de subvenciones o estafa, y malversación de caudales públicos, además de otros delitos conexos como falsedad documental, cohecho y blanqueo de capitales. Que se sepa por el momento, estos responsables de entidades sin ánimo de lucro, fundaciones y empresas de formación recibieron un total de 20 millones de euros en dinero público.

La treta utilizada era así de primitiva: Una entidad sin ánimo de lucro, la Fundación para el Desarrollo de la Empleabilidad y la Formación, solicita a la Xunta una subvención para un curso de inserción laboral de misnusválidos. La administración le da equis dinero. Pues bien, el responsable de la entidad coge el dinero y se lo entrega a una empresa de formación para que sea esta la que organice los cursos. Hasta aquí, todo bien. Pero a partir de aquí la legalidad, como la moralidad, enmudecen. Porque lo primero que hace esa empresa de formación es devolverle por debajo de la mesa a la entidad adjudicataria de las ayudas entre un 20 y un 30 por ciento del total como pago por haberla contratado a ella y no a otra. ¿Qué pasa con el dinero restante? Pues una pequeña parte o nada se destina al curso, y el resto al bolsillo. Todos ganan. Menos los originales beneficiarios.

Facturas y nombres inventados

Para justificar ante la administración que ese dinero fue empleado en su totalidad para el desarrollo del curso, la policía cuenta que se inventaban facturas, el nombre de los alumnos que asistieron, el de profesores, el material utilizado... Hay recibos en el sumario, que va por 12.500 folios, en los que se ve que pagaron 60 euros por lápiz, bolígrafo y goma de borrar. O 2.500 por el alquiler de un ordenador durante 20 días. Pero eso no era lo peor.

Relata la policía en su informe que cuando el dueño de las empresas encargadas de la formación -se quedaba, supuestamente, con entre el 60 y el 80 % de la subvención- vio que se podía quedar con todo y no solo con parte, comenzó a crear fundaciones o asociaciones sin ánimo de lucro para así poder concurrir él directamente a las ayudas sin pasar por entidades amigas a las que tendría que dar una parte. Sostienen los investigadores del grupo de delincuencia económica que Gerardo Crespo, destacado militante del PP coruñés, creó la Fundación para el Desarrollo de la Empleabilidad y la Formación (Fundefo). Una entidad sobre el papel sin ánimo de lucro que recibió 8 millones de euros en 6 años. Parte de ese dinero lo cogía para pagarle el sueldo a su empleada de hogar.

No satisfecho del todo con lo que le daba Fundefo, creó otra entidad, AED, dedicada a la ayuda al autónomo con minusvalía. Para poder optar a subvenciones, necesitaba un número mínimo de afiliados y sedes en varias ciudades. Como no tenía a nadie, inscribió en AED a socios de otras entidades amigas sin que se enterasen y puso como sedes las oficinas de instituciones presididas por sus estrechos colaboradores, principalmente de los autónomos, según apunta la policía.

Programa EmpregaTex

La jueza añade en la página 50 del tomo XV del sumario la burla que supuestamente empleaba Crespo para ganar un poco más de dinero. Según explican los investigadores, la fundación de Crespo ganó en el 2011 un concurso para desarrollar el programa EmpregaTex. Entre las condiciones, la Xunta se comprometía con la Fundación a entregarle 1.200 euros por cada parado al que le encontrase un trabajo. Pues bien, le encontró a muchos, pero en alguna de sus empresas. Una vez que formalizaba el contrato y lo entregaba a la Xunta para cobrar la ayuda, a los dos días los echaba. Con la complicidad del número 4 de Benestar, Odilo Martiñá (dimitió el pasado 26 de septiembre por motivos personales), quien, según conversación grabada a Crespo, le dijo que para dar apariencia de legalidad «vistiese un poco al santo».

Crespo, en una carta enviada a los periódicos, clama por su inocencia, dice que todo eso que cuenta la policía de él es una completa mentira, que esta situación le llevó a la más absoluta ruina y lamenta el daño «irreparable» que esta investigación causa a su familia. Recuerda que estamos en un estado de derecho y democrático y exige que se le trate como es debido, con la presunción de inocencia que merece todo imputado.

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