Obligan a unos padres a dar 624 euros a una hija de 23 que quiso irse de casa

La Justicia impuso a los progenitores de esta coruñesa pagar su independencia


a coruña / la voz

La joven se fue de casa cuando tenía 21 años porque quería independizarse. Pero para eso le hacía falta dinero, y como no trabajaba ni trabaja, llamó a las puertas de la Justicia para que sus padres le pagaran su nueva vida fuera del hogar materno. Demandó a sus padres, que están divorciados, y la sección cuarta de la Audiencia Provincial de A Coruña atendió sus súplicas y fijó una pensión de manutención de 624 euros. 540 se los debe pasar su padre y los 84 restantes recaen sobre su madre.

La joven coruñesa tomó la decisión de independizarse cuando tenía 21 años. Había vivido siempre con su madre hasta que se mudó a casa de su abuela. Luego se fue a Lugo para estudiar una carrera. Terminó el curso, aprobó todo, pero decidió cambiar de ciudad. Al otro lado del país, a Valencia. Fue cuando presentó la demanda y la ganó. El tribunal le dio la razón a la joven, que hoy tiene 23 años, y se la quitó a la madre, defendida por la letrada Marina Álvarez, porque entiende que está en su derecho pese a que la licenciatura que está sacando se puede estudiar en A Coruña. Su madre, que se opuso a darle paga alguna, alegó que estaba dispuesta a mantener a su hija, pero en su casa, junto a ella. Pero la Audiencia sostiene que la relación entre madre e hija no es buena, «lo que haría muy difícil la convivencia».

Insistió la abogada Marina Álvarez en su recurso contra las pretensiones de la joven en que la situación de esta no refleja lo que exige el artículo 142 del Código Civil, el que obliga a los familiares a mantener económicamente a sus semejantes si la necesidad de estos es imperiosa. Y la de esa chica, según la letrada, no lo es, pues podría vivir perfectamente con su madre y estudiar la carrera en A Coruña. Además, sostiene que la decisión de abandonar la casa fue de la joven. Y que el hecho de escoger Valencia para fijar su residencia, podría calificarse como capricho.

Nada de eso convenció al Juzgado de primera instancia número 8 de A Coruña ni a la Audiencia Provincial, que insistieron en que «la necesidad de completar la formación universitaria y prepararse para la vida futura es particularmente importante para los jóvenes en una época de crisis y de desempleo como la actual».

Es verdad, continúa la sentencia, que «la demandante podría cursar sus estudios en A Coruña, pero su elección es más que razonable». Así que la opción que puso la madre sobre la mesa de mantenerla en su propia casa «choca con la dificultad de la distancia de los estudios de esta y sobre todo con las importantes desavenencias entre ambas que harían difícil la convivencia». Y el fallo apostilla: «No se trata de reprochar nada a la madre, sino de constatar una situación de malas relaciones».

En cuanto a la cuantía de la pensión que le han de pasar, la sección cuarta de la Audiencia rebaja, eso sí, las pretensiones de la joven, pues reclamaba que su madre le pasara 200 euros, que unidos a los 540 del padre, supondría una paga de 740 euros al mes. Finalmente, la pensión de la madre quedó fijada en 84 euros, manteniendo lo que su padre ya le estaba dando desde que se divorció. Además, este hombre nunca se opuso a las exigencias de su hija.

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