Vigo, Santiago / la voz

La Xunta tiró de guion. El relevo en la cúpula del Sergas entra dentro de la «normalidade», como insistieron ayer el presidente, Alberto Núñez Feijoo, y la conselleira de Sanidade, Rocío Mosquera en tres comparecencias. El Gobierno gallego se esforzó por rebajar la importancia del relevo de Nieves Domínguez en la cúpula del Servizo Galego de Saúde. Pero la sanidad preocupa mucho. En el Parlamento los acuerdos en la materia son noticia, por extraños. Los pactos con los sindicatos son nulos. Entre muchos profesionales, incluso los cercanos al PP, se nota desazón. Y los proyectos profesionales estrellas del departamento, como la gestión clínica, no logran ningún consenso, a pesar de que eran reclamaciones de muchos profesionales.

Por eso, todas las fuentes consultadas en el sector, incluso las más cercanas a la consellería, interpretan el relevo en la cúpula del Sergas como un intento de atajar la crispación y rebajar la tensión en torno a la sanidad. No se trata tanto de la gestión, mejor o peor, de Domínguez. Lo que quiere la Xunta es menos portadas y trata de apaciguar a muchos de los profesionales, en especial al colectivo médico. Sobre todo cuando hay unas elecciones municipales en mayo.

Hay elementos que ayudan a hacer ese análisis. Uno es que la propia Nieves Domínguez se ha despedido de muchos mandos intermedios anunciando su «cansancio», pero todavía no existe ningún sustituto para ocupar su vacío. Es una situación poco habitual. «¿Cuándo se ha anunciado un cese sin tener al sustituto sobre la mesa? Si alguien se cansa, le pides que espere», dice un dirigente. Ayer mismo, el Consello de la Xunta no aprobó el cese de Domínguez, para no dejar un vacío de poder en el organismo del que dependen los hospitales y centros de salud de Galicia.

Además, tanto Feijoo como Mosquera atribuyeron el relevo a una decisión personal de Nieves Domínguez. Tenía ganas, dijeron, de volver «á súa actividade clínica». Según el currículo que difundió la propia Xunta sobre la interesada cuando la nombró gerente del Sergas, en los últimos 16 años ha trabajado solo uno (en el 2008) como médica de familia en un centro de salud, en Ferrol. El resto han sido puestos técnicos, la mayoría de gestión.

A todo ello se suma la trayectoria de Feijoo. El presidente señaló ayer que el relevo de altos cargos entra dentro de la «normalidade». Él mismo comparó el de la gerente del Sergas -que gestiona un presupuesto de 3.300 millones anuales, el 40 % de la Xunta y más que cualquier consellería- con el de varios secretarios xerais. En este segundo escalafón del Gobierno sí ha habido relevos, pero siempre Feijoo ha procurado no tocar la cúpula de los departamentos. Ni en la Xunta ni en el Parlamento ni en el PP, el presidente es amante de los cambios. Siempre que vienen son forzados. Siempre que se producen se solventan con relevos internos. Lo hizo cuando Pilar Farjas y Marta Fernández Currás se fueron a Madrid y dejaron vacantes sus consellerías. Lo hizo también cuando, tras las elecciones del 2012, redujo las consellerías de diez a ocho. Lo acaba de hacer con la salida de Agustín Hernández a la alcaldía de Santiago. El único cambio que se le puede atribuir es el de haber cesado a Javier Guerra como conselleiro de Industria, un caso en el que Feijoo también optó por nombrar a uno de sus asesores.

Según Rocío Mosquera, este era «el momento más oportuno» para el relevo. La conselleira señaló que se cierra el ciclo de la Estratexia Sergas 2014, la hoja de ruta del organismo sanitario y que su voluntad es ampliarlo por cuatro años más. Y que los dos años que quedan de legislatura son críticos.

Domínguez apenas ha ejercido como médica de centro de salud

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La Xunta intenta calmar la crispación en la sanidad con el relevo en el Sergas