Una autopista de mentira


Hay autopistas que solo son autopistas cuando llegas al peaje. En España está la AP-9. De Vigo a A Coruña la tarifa para un turismo, da igual la hora y las veces que el viajero haya circulado por el tramo, es de 15,35 euros, sin descuentos de ningún tipo. Aquí no hay rebajas para el conductor más fiel, no vayamos a caer en sentimentalismos. En realidad, y ateniéndonos a los últimos sucesos en la AP-9, el precio puede parecer un problema menor, porque estamos ante una autopista de mentira: si hay mucho tráfico, por ejemplo a las playas, el atasco está garantizado; si vuelca un camión (sucedió ayer), las retenciones y los desvíos son de cajón. Podría decirse que la AP-9 es la vía perfecta para no llegar a ningún sitio, eso sí, pasando siempre por caja. Audasa, que es la concesionaria de esta carretera de pago nacida presuntamente para vertebrar el país (y que en realidad lo único que hace es desvertebrarlo, porque sale más barato ir de Ferrol a Madrid que a Tui) no pide ni disculpas, porque pedir disculpas no desgrava. Audasa solo entiende el sonido del metal. Últimamente, la AP-9 se ha convertido en instrumento de propaganda. Primero fue Feijoo quien animó al mundo a reclamar por los atascos. Después, la ministra Pastor amenazó con anular la concesión. Ahora, una consellería reclama la gestión autonómica de la vía. La calculada cólera de los políticos... Todo esto suena a viejo. Como las promesas mitineras. Como las tarifas. Como los atascos. Como el maltrato permanente a todos los gallegos. En fin, que todo apunta a que tendremos autopista para rato. Mentira para rato.

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