Un instante de felicidad

xosé manuel cambeiro SANTIAGO / LA VOZ

GALICIA

La toma de posesión de Agustín Hernández, acompañada de silbidos en la calle, fue una jornada aparentemente feliz que terminó sin vino español

09 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Solo a Alfonso Rueda se le puede ocurrir saltarse la puntualidad, como buen jefe, en la toma de posesión de Agustín Hernández, con decenas de manifestantes imprecando en la plaza do Obradoiro a cuanto político asomaba los morros por allí. A todos les silbaron y vituperaron, pero el vicepresidente se llevó las raciones finales de pitidos, improperios y hasta las arremetidas de un par de jóvenes. Núñez Feijoo, escaldado con tanta desventura en Raxoi, prefirió estar al amor de la lumbre en San Caetano.

Ángel Currás abrazó a su sucesor al entregarle la credencial y otra vez al cederle el bastón. Efusión en el gesto no sobró, pero selló el traspaso de poderes. En los ojos del nuevo alcalde no se adivinó el futuro que le tiene reservado a su predecesor, si alguno le tiene reservado. ¿El Consorcio de Santiago? Difícil.

Hernández juró el cargo, y tras él todo su equipo. Sus antecesores también juraron en su día. Testigos directos del cambio de poderes han sido el delegado de Goberno, algunos conselleiros y el presidente de la Diputación, que como es obvio son los que mejor pueden informarle a la ciudadanía del desarrollo de un acto. Los periodistas fueron acuartelados en un salón cercano, con un monitor mostrando solo la mesa presidencial del pleno. No exhibió a los ediles cotillas o a los invitados modorros.